La cruz y la espada: la conquista espiritual del occidente venezolano

Mientras las huestes hispanas dominaban los valles andinos a sangre y fuego, un ejército silencioso de frailes dominicos, agustinos y franciscanos tejía la otra conquista: la del alma indígena. Entre 1558 y 1625, el occidente de Venezuela —Mérida, La Grita, Barinas— no solo fue sometido militarmente, sino refundado espiritualmente desde el púlpito y el confesionario. La conquista religiosa fue el factor más importante del desarrollo y consolidación de estos pueblos, y su huella perdura en la toponimia, la cultura y la memoria colectiva de la región.

Papa Pio IV. Los herejes de Italia. Cesar Cantu. Madrid. 1868. CC-BY-NC-ND 4.0. (p. 121). Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A.
Papa Pio IV. Los herejes de Italia. Cesar Cantu. Madrid. 1868. CC-BY-NC-ND 4.0 “En 1562 el Papa Pio IV otorgó el rango de vicaría metropolitana a la ciudad de Mérida, con lo cual el cura residente tenía jurisdicción sobre los demás sacerdotes de los diversos poblados circunvecinos”. (p. 121) Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A.

Fundaciones civiles y espirituales (1558-1591)

La empresa colonizadora del occidente venezolano tuvo dos frentes simultáneos: el militar y el misional. El 9 de octubre de 1558, el capitán Juan Rodríguez Suárez fundó la ciudad de Mérida —originalmente Santiago de los Caballeros de Mérida— en el valle de San Miguel, sitio conocido como La Guazabara o El Realejo. Dieciocho años después, el 11 de octubre de 1576, el capitán Francisco de Cáceres formalizó la fundación de La Grita en el extenso valle del Espíritu Santo. Ese mismo año se creó la Provincia del Espíritu Santo de La Grita, conformada por La Grita, Barinas, Pedraza y otros pueblos de menor importancia en los valles del Casanare.

Pero las ciudades necesitaban algo más que murallas y cabildos: requerían alma cristiana. Los primeros en llegar fueron los agustinos, cuya labor evangelizadora se concentró fundamentalmente en el occidente venezolano. En 1591 fundaron un convento en Mérida; desde allí dependieron seis doctrinas con unos dieciséis caseríos o poblaciones. Los dominicos, por su parte, regentaron las misiones de Barinas, Apure y Pedraza, mientras que los franciscanos destacaron por su labor en zonas rurales y montañosas. Hacia finales del siglo XVI, los agustinos habían formado ocho doctrinas: seis dependientes del convento merideño y dos de San Cristóbal.

El papel de la Iglesia en la administración colonial

La acción evangelizadora no fue un apéndice de la conquista, sino su columna vertebral. En el aspecto administrativo-eclesiástico, todos los conventos, misiones, religiosos y clérigos misioneros dependían de la provincia eclesiástica de Pamplona. Los conventos de Mérida, San Cristóbal, Gibraltar, Maracaibo y Barinas sirvieron como centros de irradiación cultural y espiritual. Los religiosos no solo bautizaban y catequizaban: enseñaban oficios, introducían nuevos cultivos, organizaban pueblos y mediaban —no siempre con éxito— entre los abusos de los encomenderos y la protección de los indígenas.

La visita de Vásquez de Cisneros y las ordenanzas de 1620

Entre 1619 y 1620, Mérida recibió la visita del licenciado Alonso Vásquez de Cisneros, oidor de la Real Audiencia de Santa Fe, comisionado para supervisar y castigar las transgresiones concernientes al trato y doctrina de los naturales sometidos al régimen de la encomienda. Su visita, documentada el 18 de agosto de 1620, recorrió las ciudades de Mérida, Gibraltar, Barinas y Pedraza.

Fray Bartolomé de las Casas. Oleo/tela. Coriolano Leudo (s/f). Academia Colombiana de Historia, Santafé de Bogotá. CC-BY-NC-ND 4.0.
Fray Bartolomé de las Casas. Oleo/tela. Coriolano Leudo (s/f). Academia colombiana de la historia, Santafé de Bogotá. CC-BY-NC-ND 4.0. “A pesar de la defensa que fray Bartolomé de las Casas hizo a favor de los indígenas y de las polémicas que la condición de los naturales desató en el seno de la iglesia y del gobierno, el indigena, de hecho, siguió sometido a una explotación intensiva, lo cual explica en parte la violenta extinción de los grupos indígenas en las primeras décadas del Siglo XVI. (p. 151) Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A.

Las ordenanzas de Vásquez de Cisneros tuvieron un impacto profundo en la estructura social y económica de la región. Tasaron el tributo indígena, prohibieron el servicio personal de los indios e introdujeron limitaciones en el trabajo indígena para el cultivo del tabaco, determinando con precisión los salarios que debían serles pagados. Una de sus disposiciones más radicales prohibió emplear a los indios en los ingenios o trapiches y en las labores relacionadas con el lino, la lana, la seda o el algodón, estableciendo que solo los esclavos de procedencia africana podían atender estos trabajos.

Para esa fecha, el capitán Francisco Gaviria era Teniente de Corregidor y Justicia Mayor de Mérida; Francisco Izarra de la Peña, el cura vicario de la ciudad; el capitán Diego de Luna, el alcalde ordinario; fray Miguel de Porras, prior del convento de los dominicos; y fray Lucas de Valencia, prior del convento de San Agustín.

La esclavitud africana en Barinas

La visita de Vásquez de Cisneros también reveló la creciente importancia de la mano de obra esclava africana en la región. Ya para 1620 había más de doscientos negros en las haciendas barinesas, mientras que los vecinos y hacendados no pasaban de doce en la ciudad de Barinas. Estos esclavos habían llegado por Gibraltar y fueron llevados a Barinas por el encomendero Alonso Dávila, vecino de Mérida y poseedor de extensos cultivos de tabaco en el pueblo El Curay. Para 1623, el número de negros establecidos en la Provincia superaba ya el millar.

La creación de la Gobernación de Mérida (1622)

Una Real Cédula de junio de 1611 había solicitado a la Audiencia de Bogotá una investigación sobre la conveniencia de unir las ciudades de Mérida, Altamira de Cáceres, Nuestra Señora de Pedraza, La Grita y San Cristóbal en una sola gobernación. El 3 de noviembre de 1622, el Rey creó la provincia y capitanía general de Mérida del Espíritu Santo de La Grita, dependiente del Nuevo Reino de Granada, y designó como gobernador a Juan Pacheco Maldonado por un período de ocho años.

Pacheco Maldonado era hijo de Alonso Pacheco, quien había refundado y poblado Nueva Zamora de Maracaibo en 1569. Había sido Alférez Mayor de Trujillo en 1598 y Capitán de Milicias en la misma ciudad, donde pacificó y sometió a los indígenas de la región lacustre: Zapara, Aliles, Toa, Arubae, Paraute y Quiriquire. En 1609, el Gobernador de Venezuela, Sancho de Alquiza, le nombró Teniente de Gobernador y Justicia Mayor de Trujillo con la misión de defender Maracaibo de los ataques indígenas, que ya se habían apoderado de la barra del Lago. Como recompensa, recibió la gobernación de Muzos y Tolimas en el Nuevo Reino de Granada (1613-1619).

Las atribuciones del nuevo Gobernador eran amplísimas: cumplir las cédulas y provisiones reales; jurar ante el Consejo de Indias; tomar posesión y ser reconocido por los consejos, justicias y caballeros de todas las ciudades; oír, librar y conocer todos los pleitos, causas civiles y criminales; nombrar tenientes letrados; desterrar a cualquier vecino por muy gran causa; y cobrar un salario anual de cuatrocientos mil maravedís. Mérida fue designada como residencia del Gobernador.

La mudanza de Barinas y la exploración del Apure

Pacheco Maldonado asumió su gobernación en 1625 y la mantuvo hasta agosto de 1634. En 1628 realizó la mudanza de Barinas, cuyos habitantes, para rendir homenaje al gobernador, dieron el nombre de “Nueva Trujillo de Barinas” al nuevo sitio —Trujillo de Venezuela era la ciudad de origen de Pacheco Maldonado. Barinas había cumplido ya cincuenta años de fundada.

Para 1645, la nueva Barinas era una población pequeña: todas sus moradas estaban cubiertas de palma y bahareque; solo había tres construcciones con tejas: la iglesia mayor y dos casas de los capitanes Alonso de Omas y Juan Rodríguez. Había, además, otra iglesia cubierta de palmas para negros e indígenas. En 1647, los barineses al mando del capitán Miguel de Ochagavía emprendieron la exploración de la ruta fluvial Apure-Orinoco, buscando otra salida menos difícil que la del páramo andino para sus productos. La expedición duró seis meses y llegó hasta el poblado misional de Guayana.

El ocaso de la provincia de Mérida

La provincia de Mérida fue sede de gobernación hasta 1681, pues en 1682 se decretó a Maracaibo como capital de provincia. Esta ciudad había sido separada de la provincia de Venezuela y agregada a la de Mérida —dependiente de la Audiencia del Nuevo Reino de Granada— en 1676. La capitalidad se trasladó por razones estratégicas: Maracaibo era puerto, plaza militar y centro comercial; desde allí se vigilaban las costas lacustres y el golfo de Venezuela, se cuidaban los castillos de guerra y se perseguía el contrabando.

La provincia de Mérida perduró bajo la jurisdicción de Santa Fe hasta el 8 de septiembre de 1777, cuando la Real Cédula de San Ildefonso la agregó a la Capitanía General de Venezuela. Pero la conquista religiosa que la había fundado espiritualmente ya había dejado una marca indeleble: los conventos, las doctrinas y la fe católica eran el verdadero cemento de una sociedad que, pese a los vaivenes políticos, nunca abandonó su identidad occidental.

Fuentes Oficiales

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

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