Hay parajes en Venezuela donde la historia no se estudia, se respira. Altamira de Cáceres es uno de ellos. A 900 metros sobre el nivel del mar, en el piedemonte andino barinés, este pintoresco pueblo custodía el acta de fundación de lo que un día sería la ciudad de Barinas. Allí, entre casas de bahareque y techos de tejas, el viento no solo arrastra el aroma del café, sino también los ecos de una empresa colonial que, contra todos los pronósticos, logró echar raíces en una tierra indómita.

El 30 de junio de 1577, el capitán español Juan Andrés Varela, cumpliendo órdenes del gobernador de la provincia de La Grita, Francisco de Cáceres, fundó en el valle de San Bernabé de los Playones una ciudad a la que bautizó como Altamira de Cáceres. Aquel día, sin saberlo, Varela no solo trazaba las primeras calles de un poblado, sino que plantaba la semilla de una de las provincias más dinámicas de la Capitanía General de Venezuela. El acta original de aquella fundación, testimonio mudo de un instante decisivo, reposa hoy en el Archivo de Indias, en Sevilla.
Los Hijos del Viento y la Tierra: Los Pobladores Originarios

Mucho antes de que la espada y la cruz europeas hollaran estas tierras, el valle del río Santo Domingo era un crisol de culturas indígenas. Tradiciones orales y hallazgos arqueológicos señalan la presencia de varios grupos que dominaban el piedemonte y las sabanas adyacentes. Entre ellos, los Curay se alzaban como una de las etnias más prominentes, dueños de un conocimiento profundo del territorio que los españoles apenas comenzaban a descifrar. También se menciona a los Chiquimbuy, aunque los registros sobre ellos permanecen velados por la bruma del tiempo. Estos primeros habitantes, cazadores, pescadores y recolectores, fueron los verdaderos señores de una geografía que los colonizadores, con su mirada utilitaria, pronto transformarían en centro de explotación agropecuaria.
El Tabaco que Forjó una Provincia
Si Altamira de Cáceres logró sobrevivir a sus primeros años de incertidumbre, fue gracias a una hoja: el tabaco. El cultivo en las fértiles mesetas del Curay y Moromoy se convirtió en el motor económico que impulsó a la incipiente ciudad. Para 1619, la producción anual superaba las 3.000 arrobas, un volumen que evidencia la pujanza de una actividad que marcó el ritmo de vida de la región. La fama del tabaco barinés trascendió las fronteras locales. Como documentó el historiador Virgilio Tosta, “sobre el lomo de mulas, era sacado el tabaco de Barinas, por la peligrosa ruta que conducía a Mérida”. Desde la ciudad andina, el preciado fardo viajaba a los puertos del lago de Maracaibo —San Antonio de Gibraltar, principalmente—, para ser embarcado con destino a Europa, donde gozaba de “gran acogida y prestigio”. No obstante, esta bonanza trajo consigo un lado oscuro: el tabaco atrajo el contrabando y la piratería, convirtiendo a la región en un hervidero de ilegalidades que desafiaban constantemente a la Corona española.
El Traslado y el Ascenso de la Ganadería
La vida en la sierra de Santo Domingo no era sencilla. El aislamiento y las dificultades geográficas hicieron que, para 1628, el capitán Juan Pacheco Maldonado, gobernador de la provincia de La Grita y Mérida, ordenara el traslado de la ciudad a la Mesa de Moromoy, el lugar donde hoy se asienta la población de Barinitas. El nuevo emplazamiento, más adecuado para el cultivo y el fomento de la ganadería, abrió las puertas a una nueva era económica. Hacia finales del siglo XVII, la ganadería vacuna comenzó a tomar relevancia, diversificando la matriz productiva y consolidando el poderío agropecuario de la región. Fue en ese contexto de bonanza ganadera cuando algunos vecinos de Altamira de Cáceres comenzaron a trasladarse a otras poblaciones para fundar hatos de ganado mayor.
El éxodo definitivo ocurrió en 1759, cuando los moradores trasladaron la ciudad al sitio que ocupa en la actualidad, un movimiento que fue aprobado por Real Cédula el 4 de diciembre de 1762. Con este último cambio de asiento, Barinas, que ya había dejado atrás su nombre original, se asentó definitivamente en las planicies, convirtiéndose en el centro neurálgico de los Llanos Occidentales. Para la época colonial, Barinas era la segunda ciudad de Venezuela, con una población cercana a los 15.000 habitantes, célebre por su cacao, tabaco y la cría de ganado. No fue casualidad que en 1786 se creara la provincia de Barinas, un territorio que abarcaba los actuales estados Barinas, Apure, Portuguesa y parte de Cojedes, dando cuenta de la importancia estratégica y económica que había alcanzado.
Conflictos y Resiliencia
La historia de Altamira de Cáceres y de Barinas no es una sucesión de días de bonanza. La región fue escenario de profundas convulsiones. En 1674, un fuerte terremoto sacudió los cimientos de la ciudad, destruyendo gran parte de sus edificaciones. Pero los mayores embates llegaron con la Guerra de Independencia. Barinas se convirtió en un bastión patriota, y su posición estratégica la convirtió en objetivo militar de las fuerzas realistas. Los combates arrasaron la provincia, y la ciudad sufrió saqueos y destrucciones que borraron del mapa gran parte de su arquitectura colonial.

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En el contexto más reciente, la parroquia Altamira de Cáceres ha enfrentado desafíos propios de la contemporaneidad venezolana. En 2022, vecinos del barrio Altamira en la ciudad de Barinas cerraron vías en protesta por la falta de gas doméstico. En 2024, la tala indiscriminada provocó la sequía de la quebrada El Cedro, que alimenta el acueducto de Altamira de Cáceres, evidenciando la fragilidad ecológica de la región. Más recientemente, en julio de 2026, los habitantes de Altamira de Cáceres y Calderas se declararon en emergencia vial debido al peligroso deterioro del ramal que comunica a ambas poblaciones.
El Gigante Bufalino y la Economía del Siglo XXI
Hoy, la economía de Barinas sigue anclada en el campo, pero con un protagonista inesperado: el búfalo de agua. Esta especie, introducida en la región hace décadas, ha revolucionado el sector agropecuario. Barinas produce 146 millones de litros de leche y 60 mil kilos de carne al año, con un rebaño que supera los 500.000 ejemplares, lo que representa el 35% de la población bufalina del país. De hecho, el estado aporta el 50% del queso de búfalo que se consume en Venezuela. La ganadería bufalina no solo ha demostrado ser más productiva que la vacuna, sino que se ha convertido en un pilar de la seguridad alimentaria nacional.
El sector primario sigue siendo el corazón económico de la región. Barinas produce el 33% de la carne que se consume en el país y aporta 2,5 millones de kilos de queso al mes a los anaqueles nacionales. Esta pujanza agropecuaria, sin embargo, contrasta con las dificultades de infraestructura que enfrentan sus poblaciones, una paradoja que define el presente de la región.
Un Legado de Hormigón y Fe
Altamira de Cáceres, el pueblo que fue la cuna de Barinas, ha sabido preservar su esencia. Declarada como sitio de valor histórico, sus calles empedradas y sus casonas de bahareque con techos de teja andina son un testimonio vivo de la arquitectura colonial. La influencia andina se percibe en la disposición de sus espacios y en la calidez de su gente.
La vida cultural de Altamira de Cáceres se manifiesta en sus tradiciones. La música típica de sus pobladores, fuertemente influenciada por el estilo musical de los Andes venezolanos, resuena en las celebraciones comunitarias. Entre sus festividades más emblemáticas destaca el Reencuentro de Hijos y Amigos de Altamira de Cáceres, que se efectúa en diciembre con serenatas, bautizos de libros, presentaciones de música de cuerdas, bailantas de calles, juegos tradicionales, expo-venta de artesanía y gastronomía típica. Las fiestas patronales en honor a la Inmaculada Concepción, patrona de los altamireños, se llevan a cabo entre el 16 y el 24 de enero, e incluyen la tradicional procesión de las antorchas. El 30 de junio, día de la fundación, es otra fecha de gran relevancia, con actividades propias de la región.
El Centro Cultural “Alfredo Arvelo Larriva”, que en septiembre de 2024 celebró su 53 aniversario, es el epicentro de la vida cultural del pueblo, velando por el cumplimiento de las tradiciones ancestrales. Y en el centro del poblado, el Museo “José Ángel Angarita” resguarda piezas antiguas que narran la historia de esta comunidad.
Placeres Llaneros: La Gastronomía de Barinas
La gastronomía de Barinas es un reflejo de su geografía: contundente, sabrosa y llena de matices. Entre las delicias más preciadas se encuentra la carne a la brasa, especialmente la de cabrito, y el arroz con conejo y caracoles, platos que evocan la tradición llanera. Los embutidos caseros, las gachasmigas y las suculentas tortilleras son otros referentes de la cocina barinesa. Un plato típico es el picadillo, elaborado con yuca, plátano y carne de res finamente picada, mientras que el pescado de río, como el bagre y el coporo, también tiene un lugar en la mesa regional.
Atractivos Turísticos: Entre Cascadas y Aves
El turismo en Altamira de Cáceres ha crecido en los últimos años, impulsado por sus bellezas naturales. La Cascada del Silencio, escondida entre las montañas que rodean el pueblo, es uno de sus principales atractivos. El recorrido de aproximadamente 4,5 kilómetros para llegar a ella combina senderismo en un entorno agroecológico de café y musáceas. La zona también ofrece actividades como trekking, rafting y observación de aves; el trayecto que conduce a Altamira de Cáceres es especialmente valorado por la diversidad de especies, en particular el Gallito de las Rocas. El pueblo, recientemente reestructurado en su fachada, ha creado un ambiente colonial que invita a pasear y a conectarse con la historia.
Barinas en la Actualidad
Hoy, Barinas es un estado que mira al futuro sin olvidar su pasado. Su capital, que lleva el mismo nombre, es un centro urbano que ha crecido y se ha modernizado, pero que mantiene en su ADN el legado agropecuario de la provincia colonial. La ganadería, la agricultura y, cada vez más, el turismo, configuran su presente. Sin embargo, los desafíos persisten. La infraestructura vial, la gestión de los recursos hídricos y la necesidad de diversificar la economía son temas candentes en la agenda regional. Altamira de Cáceres, la ciudad primigenia, sigue siendo un faro que ilumina el camino de una región que, con sus luces y sombras, se empeña en forjar su propio destino.
El viaje de Altamira de Cáceres a Barinas es el viaje de una nación. De la hoja de tabaco al lomo del búfalo, del valle andino a la inmensidad del llano, la historia de este rincón de Venezuela es un recordatorio de que las ciudades, como las personas, encuentran su grandeza no en la permanencia, sino en la capacidad de reinventarse. La cédula fundacional reposa en Sevilla, pero el alma de Barinas late con fuerza en cada rincón de sus llanuras y montañas, esperando ser redescubierta por quienes se atrevan a escuchar sus ecos.
Fuentes Oficiales
- Fundación Empresas Polar – Diccionario de Historia de Venezuela: Barinas
- Universidad de Los Andes (ULA) – Saber ULA
- Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)
- Archivo General de la Nación – Caracas
- Universidad Central de Venezuela (UCV)
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A.
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