
El 5 de agosto de 1498, la expedición de Cristóbal Colón alcanzó la costa firme del actual territorio venezolano, en las inmediaciones de la desembocadura del río Orinoco. El almirante, que exploró el golfo de Paria y las islas de Margarita, Cubagua y Coche, no solo registró el primer avistamiento europeo de Tierra Firme, sino que inauguró un proceso de encuentro entre dos mundos que transformaría radicalmente el oriente venezolano. En las décadas siguientes, esa franja costera e insular se convirtió en el escenario inicial de la empresa colonizadora española en la región, un territorio de frontera donde la Corona ensayó sus primeras formas de poblamiento, exploración y explotación en tierra firme americana, tal como se desprende de la historiografía recogida por Pino Iturrieta (2006, p. 125).
El mosaico indígena oriental: diversidad previa a la conquista
Antes de la llegada de los españoles, las diversas naciones aborígenes orientales no formaban una estructura política común. Su sistema organizativo más elevado eran las comunidades aldeanas, y aun los grupos con idénticas lenguas se presentaban fraccionados en un prisma que abarcaba desde recolectores y cazadores nómadas hasta comunidades establecidas con su particular sistema de agricultura y riego. No se vertebraron en una ocupación homogénea y vivían en poblados de diversos tamaños, al igual que tenían diferentes dietas alimenticias, vestidos, adornos y modos de hacer la guerra. Esta fragmentación política y cultural condicionó de manera decisiva las relaciones con los recién llegados: mientras los guaiquerí de la isla de Margarita se mostraron receptivos ante la presencia del hombre blanco, los cumanagoto de la costa oriental resultaron hostiles a los conquistadores. Estos últimos, más conocidos que sus vecinos, protagonizaron alianzas intra e interétnicas contra el avance de los conquistadores durante la segunda mitad del siglo XVI, ofreciendo una resistencia tenaz que dificultó la ocupación permanente de la región (Pino Iturrieta, 2006, p. 125).
Los descubrimientos geográficos y las primeras expediciones (1498-1525)
Los tempranos descubrimientos geográficos orientales –las islas de Margarita, Coche y Cubagua, y la costa cumanesa– realizados por Colón en su tercer viaje, y las sucesivas expediciones de Alonso de Ojeda (1499) y Pedro Alonso Niño-Cristóbal Guerra (1499 – 1501), no significaron un poblamiento inmediato. Los intentos iniciales de la Corona fracasaron. Sin embargo, fue en esos espacios donde se establecieron los primeros límites poblacionales hispanoamericanos. La Corona, empeñada en poblar, emitió «capitulaciones» para particulares, a través de las cuales germinaron pueblos fundados por «encomenderos» a quienes les repartían cierto número de indígenas, oficios y mercedes de tierras.
En este contexto, Diego de Ordaz realizó una de las expediciones más relevantes para la integración territorial de Oriente. Desembarcó en Paria y permaneció ocho años en la región, penetró por el caño Mánamo, llegó hasta el río Meta y siguió hasta los raudales de Atures. Atravesó por tierra hasta la sierra de Imataca y Upata, visitó pueblos indígenas asentados en el Usupamo y Conoroima, y avanzó sobre el Caroní. Con sus expediciones, Ordaz demostró que se podía llegar a través del Orinoco hasta el Meta, en la actual Colombia, desde la costa, y también a Cumanacoa y a la Escotadura del Unare.
La fiebre perlífera: auge y caída de Nueva Cádiz
La isla de Cubagua, ubicada al sur de Margarita, fue el primer centro poblado español de Venezuela a inicios del siglo XVI. Surgió como una ranchería de buscadores de fortuna rápida, de ambiciosos cegados por la riqueza perlífera. Ese pedazo de tierra, fuera de las piedras preciosas, carecía de cualquier atractivo geográfico: no tenía agua dulce ni suelos fértiles para el cultivo. Lo necesario para la vida, agua y comida, provenía de la vecina Margarita y las costas de Cumaná. Toda penuria era justificada por los explotadores con la recolección y venta de perlas.
Los indígenas guaiqueríes eran esclavizados en las llamadas razias para ser sometidos al buceo forzado. Las continuas inmersiones bajo el mar en busca de ostrales terminaban por destruir los pulmones de los aborígenes y causarles la muerte. Esta explotación era inhumana e ilegal, pues la reina Isabel la Católica en 1500 había prohibido el cautiverio aborigen. No obstante, los españoles en América se ampararon en una interpretación propia de la encomienda para abusar del indígena. La población de Nueva Cádiz de Cubagua llegó a más de 1.000 habitantes, con autoridades dependientes de la Real Audiencia de Santo Domingo. En poco tiempo, Cubagua evolucionó de asiento a villa y de esta a ciudad en 1528.
La extracción continua y por años de ostras causó su merma. En 1541, un maremoto de gran magnitud afectó la ciudad en la noche de Navidad. El cronista Juan de Castellanos escribió: “El agua de los cielos era tanta y con tan grandes ímpetus venía. Ruido temeroso se levanta. Que de la mar y la tierra procedía”. Esta catástrofe hizo aún menos atractivo el vivir en la isla y, para 1543, el saqueo de los piratas franceses fue la gota que rebasó el vaso. Así terminó la historia de la primera población española de Venezuela. El poblamiento de la semidesértica isla de Cubagua no fructificó debido a la desaparición de las perlas. Margarita pasó a ser el gran centro de la explotación perlífera, lo que afianzó su poblamiento y sumió a Cubagua en un profundo olvido.
Las fundaciones urbanas del siglo XVI: un catálogo de precisión cronológica
El proceso fundacional en Oriente durante el siglo XVI siguió un ritmo propio y fragmentario, alejado de las grandes gestas de México o el Perú, pero de una importancia capital para la articulación del espacio venezolano. De acuerdo con la tabla recogida por Pino Iturrieta (2006, p. 134), las fechas y fundadores son los siguientes:
- Nueva Toledo (actual Cumaná) – fundada por Gonzalo de Ocampo en enero de 1521, estableciendo la primera ciudad en tierra firme con vocación de permanencia.
- Villa del Espíritu Santo (hoy La Asunción) – erigida por Isabel Manrique y Pedro de Villardiga en septiembre de 1526, consolidando el poblamiento insular de Margarita.
- San Miguel de Neverí (actual Barcelona) – fundada por Jerónimo de Ortal en agosto de 1535, dotando a la provincia de un puerto estratégico sobre el río Neverí.
- San Juan de Maracapana – establecida por Francisco de Montesinos en mayo de 1561.
- Pueblo de la Mar (actual Porlamar) – fundado por Juan Gómez de Villandrando en 1561 en la costa oriental de Margarita.
- Santiago de los Caballeros (hoy Puerto La Cruz) – levantado por Francisco Martínez en 1570.
- Puerto Piritú – fundado por Pedro García Camacho en 1578.
- Palenque (actual Cumanacoa) – también por Pedro García Camacho en 1578.
- Sabana de Pampatare (hoy Pampatar) – fundada por Miguel Maza de Lizana en 1580.
- Nuestra Señora de Clarines – erigida por Francisco de Vides el 7 de abril de 1594.
- Santo Tomé de Guayana (actual Ciudad Bolívar) – fundada por Antonio de Berrío el 21 de diciembre de 1595, cerrando el ciclo fundacional del siglo XVI con una puerta hacia el interior del continente.
Esta nómina de fundaciones, extraída de la fuente primaria, refleja el esfuerzo colonizador que, aunque disperso y a menudo interrumpido por la resistencia indígena y las dificultades geográficas, logró establecer una red de asentamientos que perdurarían hasta la actualidad.
Las gobernaciones y la estructuración territorial (1525-1600)

Para hacer progresar el poblamiento se estructuraron las provincias y sus respectivas gobernaciones. La primera gobernación fue la de Margarita, el 18 de marzo de 1525, y su «capitulación» se otorgó a Marcelo Villalobos. La de Margarita mostraba un nivel más elevado de transición de la conquista a la colonización, con su capital en la Villa del Espíritu Santo (La Asunción) desde 1526. En 1525, en que fue firmada la capitulación con Villalobos, se inició un proceso de asentamiento que estaba claramente concluido al finalizar la centuria. La provincia de Nueva Andalucía o Cumaná, cuya capital había sido fundada por Gonzalo de Ocampo en 1521 como Nueva Toledo, vio su jurisdicción ampliada y redefinida a lo largo del siglo. Diego Fernández de Serpa recibió la capitulación el 15 de marzo de 1568 para reorganizar la provincia, aunque el poblamiento efectivo ya había echado raíces décadas atrás con plazas como San Miguel de Neverí (1535) y San Juan de Maracapana (1561). A esta gobernación se anexaría después la ciudad de Nueva Barcelona, cuyo nombre comercial terminó imponiéndose sobre el original San Miguel de Neverí.
La gobernación de Nueva Andalucía atravesaba una etapa intermedia entre las otras dos demarcaciones orientales, con notables contrastes en su extenso territorio: mientras en la franja costera se estaba perfeccionando el proceso de colonización, la vasta zona del interior estaba aún pendiente de conquista y pacificación. El extremo oriental de la Tierra Firme, que comprendía el arco costero entre el Morro de Unare y la entrada al Amazonas, así como las islas que se encontraban frente al litoral, se articulaba a finales del siglo XVI en tres gobernaciones: Nueva Andalucía, Margarita y Trinidad-Guayana.
El proceso de colonización, teniendo en cuenta las fechas en que éste había comenzado en las principales áreas del territorio americano, se hallaba algo desfasado. Aunque fue en la región oriental donde desembarcaron los primeros españoles, la ocupación permanente —y ni siquiera total— de la región ocurrió sólo a finales del siglo XVI, con el empuje fundacional de figuras como Francisco de Vides, cuya expedición pobladora entre 1592 y 1597 revitalizó el poblamiento de la provincia, estableciendo Nuestra Señora de Clarines en 1594 y reforzando los asentamientos existentes.
La conquista del Orinoco y el mito de El Dorado
El legendario Antonio de Berrio fue el autorizado para la fundación de la provincia de Guayana, creada sobre la base de dos ciudades: San José de Oruña, en Trinidad, y Santo Tomé de Guayana, en las orillas del río Orinoco. Este espacio geográfico tuvo poco desarrollo en los siglos XVI-XVII; en 1731 quedó dependiendo de Nueva Andalucía y en 1739 pasó a ser jurisdicción del Virreinato de Santa Fe.
Berrio, heredero de la capitulación de Gonzalo Jiménez de Quesada, emprendió el 3 de enero de 1584 una expedición hacia la cuenca del Orinoco en busca de El Dorado. Fundó San José de Oruña y, tras remontar un amplio tramo del Orinoco, fundó Santo Tomé de Guayana el 21 de diciembre de 1595, cerca de la confluencia con el Caroní. Las primeras exploraciones españolas fueron insuficientes para el establecimiento de límites, y en 1648 los holandeses ocuparon el oriente del río Esequibo, marcando la primera pérdida territorial significativa en el oriente venezolano (Pino Iturrieta, 2006, p. 125).
La acción misional y la esclavitud indígena
El desarrollo de los poblados se debió, en su mayor parte, a la acción misional de variadas órdenes religiosas, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVII. No obstante la incorporación de la fe y la evangelización cristiana a la empresa colonizadora, no se eliminó el sistema de esclavitud empleado por el español contra el indio. En 1511 se autorizó la toma de «caníbales» como esclavos y, a pesar de la acción de la Corona en contra de este método en 1530, los factores de poder incubados en La Española se encargaron de derogar la Cédula respectiva. La presencia temprana de la Iglesia, sin embargo, dejó una huella profunda en la toponimia y en la configuración de los pueblos de doctrina, muchos de los cuales, como Nuestra Señora de Clarines, surgieron bajo el amparo de una advocación mariana y la tutela de los frailes.
Relaciones interprovinciales y defensa del territorio
Las relaciones interprovinciales del oriente de Tierra Firme eran de una extrema complejidad. Los límites de cada Gobernación, establecidos en las respectivas «capitulaciones», indicaban un notorio desconocimiento geográfico. Su imprecisión originó litigios sobre zonas presumiblemente colindantes. Pero, aun así, existía un sentimiento de unidad entre las provincias, frente a cualquier ataque extranjero y en defensa del territorio. De no haber sido por ese rechazo ante las incursiones de extranjeros, el contrabando con ingleses, holandeses y franceses en la costa oriental habría acarreado mayores despojos. El siglo XVII, testigo de la consolidación de lo ya fundado, se convirtió también en espectador de la primera pérdida territorial en el oriente, con la ocupación holandesa al este del Esequibo en 1648.

El poblamiento de Oriente no fue un proceso lineal ni homogéneo. Fue, más bien, un entramado de ensayos, fracasos y resistencias que, sin embargo, sentó las bases de la estructura colonial venezolana. Desde la fugaz riqueza perlífera de Cubagua hasta las expediciones fallidas en busca de El Dorado, desde la resistencia cumanagota hasta la labor misional de las órdenes religiosas, cada episodio dejó una huella indeleble en la configuración de un territorio que, pese a las adversidades, logró articularse como espacio colonial. El oriente venezolano fue, en definitiva, el laboratorio donde la Corona española ensayó sus primeras fórmulas de dominación en Tierra Firme, un escenario de encuentros y desencuentros que prefiguró los rasgos fundamentales de la Venezuela colonial.
Fuentes Oficiales
- Herrera, Gabriel. “El Oriente Venezolano: Una región geohistórica y su poblamiento durante los siglos XVI y XVII”. Cuadernos UCAB, n.º 23, junio de 2025
- Nestares Pleguezuelo, M. José. “La difícil colonización del Oriente Venezolano. Francisco de Vides y la expedición pobladora de 1592”. Anuario de Estudios Americanos, vol. 54, n.º 1, 1997, pp. 13-41
- “La expedición de Ordaz, importante para la integración territorial de Oriente”. Universidad Central de Venezuela
- Biblioteca Nacional de Venezuela. “Nuestro Sur: Cubagua y la explotación perlífera”
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A (pp. 125, 134)
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