Juan Rodríguez Suárez: la rebelde fundación de Mérida

Juan Rodríguez Suárez. Estilo Oleo/tela. Recreación estilo Siglo XVI. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional. Generada con IA y mejorada con Photoshop.
El Capitan Juan Rodríguez Suárez conocido también como el Capitán de la Capa Roja, fundador de Mérida.

A los cuarenta años, el capitán extremeño Juan Rodríguez Suárez ya había combatido en Orán, Sicilia, Inglaterra e Irlanda antes de cruzar el Atlántico para unirse a la conquista del Nuevo Reino de Granada. Había fundado Pamplona y Tunja en 1549, había sido regidor del cabildo durante nueve años y alcalde de las minas de Río de Oro por nombramiento de la Real Audiencia de Santafé. Pero el oro escaseaba, la gloria se diluía y el capitán de la capa roja —como lo apodaban indígenas y cronistas— estaba cansado de seguir órdenes. En 1558, Mérida no existía en ningún mapa; era apenas un concepto en la mente de un fugitivo que planeaba cruzar los Andes sin permiso de nadie. Cuando el 9 de octubre de 1558 clavó su espada en las riberas de la laguna del Urao y fundó Santiago de los Caballeros de Mérida, el acto de nacimiento de la ciudad fue, al mismo tiempo, la sentencia de arresto de su fundador.

Orígenes del extremeño de la capa roja

Juan Rodríguez Suárez nació en Mérida, Extremadura, de ahí el nombre que décadas después llevaría la ciudad venezolana. Pertenecía a esa España de hidalgos empobrecidos que veían en América la única salida para ganar gloria, fortuna y un lugar en el mundo. No era un noble de cuna, pero sí un hombre de armas con oficio y destino: forjarse un nombre a sangre y fuego.

Cruzó el Atlántico en 1536 y desembarcó en Cartagena de Indias, donde se incorporó al ejército de Gonzalo Jiménez de Quesada en la conquista del Nuevo Reino de Granada. No acompañó al fundador en la erección de Santa Fe de Bogotá, pero sí formó parte de la segunda expedición que, en 1540, llegó a la capital del nuevo reino por el río Magdalena en compañía de Gerónimo Lebrón y del capitán Ortún Velázquez de Velasco.

Su verdadera consagración llegó en 1549, cuando participó con el ejército de Pedro de Ursúa y Ortún Velázquez en la fundación de las ciudades de Tunja y Pamplona, en la actual Colombia. De Pamplona fue uno de los diez regidores que el fundador eligió para la nueva ciudad, y como miembro del Cabildo permaneció avecindado durante nueve años. En enero de 1554 le concedieron una encomienda con ganado y, en marzo del mismo año, la Real Audiencia de Santafé lo nombró alcalde de las minas de Río de Oro.

Era, en suma, un hombre respetado, pero también un hombre inquieto. Los cronistas lo describen como de trazo firme, valiente hasta la temeridad, y algunos indígenas lo apodaron el «Capitán de la Capa Roja» por la prenda que vestía en sus expediciones. No era un soldado cualquiera: era un conquistador con hambre de más.

Una expedición ilegal y el nacimiento de Santiago de los Caballeros de Mérida

El conflicto biográfico de Juan Rodríguez Suárez se gestó en la pobreza de Pamplona. La ciudad era pobre y sus pobladores anhelaban riquezas. En 1555, el Cabildo comisionó a Juan de Maldonado —enemigo acérrimo de Rodríguez Suárez— para descubrir minas en el territorio de las sierras nevadas; en 1557, le asignó idéntica misión a Juan Andrés Varela. Ambas misiones no se llevaron a cabo. Fue entonces cuando el propio Rodríguez Suárez solicitó al gobernador Ortún y al Cabildo el permiso para emprender nuevos descubrimientos. Se lo concedieron, pero con una condición: debía buscar minas, no fundar ciudades.

Rodríguez Suárez partió de Chinácota (Colombia) en junio de 1558 al frente de una expedición que incluía a Juan Andrés Varela, el escribano Pedro García de Gaviria, Martín de Zurbarán, Miguel de Trejo, Antonio Reinoso de Valdés, Antonio de Monsalve, los hermanos Pedro y Juan Esteban, Martín Garnica, Alonso González, Martín Garzón, Miguel Salinas y muchos más. El objetivo oficial era encontrar minas de oro y plata. Pero el capitán extremeño llevaba consigo un plan más ambicioso: fundar una ciudad que le otorgara señorío y jurisdicción propia sobre las tierras descubiertas. Fue un acto de soberanía personal: fundó una ciudad para justificar su insubordinación.

Entre los meses de julio y septiembre de 1558, la expedición atravesó los valles de Cúcuta y los del Torbes —bautizado por Rodríguez Suárez como valle de Santiago por ser el 25 de julio, día del Apóstol—, el valle del Cobre, que denominó San Bartolomé, y el valle que llamaron del Espíritu Santo de La Grita. Pasaron por Bailadores y Estanques hasta llegar a la laguna de Urao (hoy Lagunillas, estado Mérida).

Allí, el 9 de octubre de 1558, Rodríguez Suárez fundó la ciudad que llamó Santiago de los Caballeros de Mérida, en recuerdo de su ciudad natal extremeña. Acto seguido, hizo reparto de encomiendas entre sus capitanes, se adjudicó el cargo de justicia mayor y designó a los miembros del primer cabildo: alcaldes, regidores, procurador, alguacil mayor, escribano, tesorero y mayordomo. Juan Andrés Varela fue nombrado alcalde ordinario de ese primer cabildo. Mérida es de las pocas ciudades de América fundada por un hombre que estaba cometiendo un delito menor ante la Corona al momento de clavar la cruz fundacional. Su nacimiento fue un acto de rebeldía pura.

Una ciudad recién nacida y la caída de su fundador (1559-1561)

La noticia de la fundación —traída a Pamplona por emisarios de Rodríguez Suárez— encendió la ira de la Real Audiencia de Santafé. Para la Audiencia, Rodríguez Suárez había cometido dos delitos graves: fundar una ciudad sin autorización real y maltratar a los indígenas en su expedición. La condena fue terrible: ser descuartizado por caballos.

La Audiencia envió a Juan de Maldonado, enemigo declarado de Rodríguez Suárez, para apresarlo. Maldonado cumplió la orden, pero se dio cuenta de que la ciudad, estratégicamente, valía la pena. Mientras Rodríguez Suárez era llevado encadenado a Bogotá, Maldonado mudó la ciudad al sector de El Morro y le cambió el nombre a San Juan de las Nieves. La ciudad sobrevivió a su creador modificando su propia identidad.

Pero la historia de Rodríguez Suárez no terminó en una celda bogotana. En un giro inesperado del destino, logró escapar de la cárcel con la ayuda de un clérigo y huyó hacia Trujillo, en la provincia de Venezuela. Se convirtió así en el primer prófugo de la justicia colonial documentado en América: un «reo de muerte» de la Real Audiencia del Nuevo Reino era acogido en una provincia vecina del mismo Imperio, pero de jurisdicción independiente.

Su trayectoria en la provincia de Venezuela fue breve pero intensa. El gobernador Pablo Collado le encargó, junto a Francisco Fajardo, la conquista del Centro. En 1561, Rodríguez Suárez repobló el hato «San Francisco» que Fajardo había fundado en el valle de los Caracas —el mismo sitio donde Diego de Losada fundaría Caracas en 1567. Pero el destino del Caballero de la Capa Roja se truncó en septiembre de 1561, cuando salió con seis compañeros desde Caracas hacia Valencia para organizar la defensa de esa ciudad contra el rebelde Lope de Aguirre. En el camino, los caciques Guacaipuro y Paramaconi le tendieron una emboscada en la ruta de Caracas a Valencia. Rodríguez Suárez murió en ese ataque; la historiografía fija su muerte el 11 de septiembre de 1561 en el sitio de Laguneta (actual estado Miranda).

Mérida y un legado ausente

La muerte de Rodríguez Suárez no borró la ciudad que había fundado. En 1560, los antiguos compañeros del capitán extremeño lograron mudar la ciudad por tercera vez a la meseta definitiva, entre los ríos Chama y Albarregas, y forzaron el regreso del nombre original: Mérida. La ciudad que hoy conocemos como Santiago de los Caballeros de Mérida es, pues, el resultado de tres fundaciones sucesivas: la primera, rebelde e ilegal, en la laguna de Urao; la segunda, impuesta por Maldonado; la tercera, definitiva, en la meseta que la historia ha consagrado.

Vista de la ciudad y campos de Mérida. 1776. Archivo General de Indias. CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Vista de la ciudad y campos de Mérida. 1776. Archivo General de Indias. CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Aunque su fundador murió en la selva central, la ciudad mantuvo el carácter indómito, montañés y orgulloso que él le imprimió en su rapto de desobediencia. Mérida es hoy una ciudad de hielo y roca —las cumbres de la Sierra Nevada, la meseta protectora— pero también de fuego: el fuego de un hombre que desafió a una Audiencia, fundó una ciudad sin permiso, se convirtió en el primer asilado político de América y murió en una emboscada indígena mientras defendía a otra ciudad contra un tirano. Su legado no está en una tumba —nadie sabe con certeza dónde reposan sus restos— sino en el nombre de una ciudad que, como él, se niega a ser dócil.

Fuentes Oficiales

Institucionales

Académicas

  • Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-14-3. Depósito Legal: lf 53220059002280.
  • J. A. Cova, Descubridores, conquistadores y colonizadores de Venezuela, Madrid-Caracas, Sociedad Hispano-Venezolana Ediciones, 1961.
  • VV. AA., Diccionario de Historia de Venezuela, t. III, Caracas, Fundación Polar, 1988.

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

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