La educación en Venezuela: el nacimiento de la Universidad y los colegios en el siglo XVIII

El 22 de diciembre de 1721, un documento sellado en Lerma por el rey Felipe V cambió para siempre el destino intelectual de la provincia de Venezuela. A más de doscientos años del llamado «descubrimiento» de América, la Corona otorgaba al Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima la facultad de erigirse como Real y Pontificia Universidad de Caracas. No fue un gesto improvisado: fue el desenlace de décadas de gestión, de una Iglesia sedienta de clero culto y de una élite criolla que ya no estaba dispuesta a enviar a sus hijos a formarse en Santo Domingo o en Santa Fe de Bogotá. Pero la historia de la educación colonial venezolana no se agota en la capital; es también el relato de provincias que, como Maracaibo y Cumaná, lucharon por construir sus propios espacios de saber.

Raíces de una educación tardía: conventos, frailes y primeras letras

Durante los siglos XVI y XVII, la educación venezolana fue un territorio de contrastes. Mientras en México la imprenta funcionaba desde 1535 y en Lima desde 1538, en las costas de la provincia de Venezuela la cultura escrita dependía de los conventos de franciscanos y dominicos diseminados por la geografía del país. Los frailes, sin cobrar estipendios, enseñaban primeras letras y rudimentos de gramática, filosofía y teología en ciudades como Caracas, Maracaibo, Cumaná, Coro, Mérida, Guanare y Trujillo.

No existía un colegio como el de San Andrés en Quito, fundado en el siglo XVI para formar arquitectos, escultores y pintores. Tampoco había bibliotecas públicas. Pero con todas estas limitaciones, la cultura venezolana echó profundas raíces en el siglo XVIII, siglo del quehacer económico y cultural, cuando ya el país definía su personalidad. La educación primaria —o enseñanza de las primeras letras, como entonces se llamaba— funcionó de manera escasa y dispersa. En Trujillo, el obispo fray Pedro de Ágreda estableció estudios de primaria y secundaria en 1568; en Barquisimeto, el maestro Juan Ortiz Gobantes fundó escuela y clase de gramática hacia 1600; y en 1682, el licenciado Juan Díaz de Benavides erigió en Maracaibo una escuela de primeras letras y una cátedra de latinidad.

La lección de Andrés Bello a Bolívar. Óleo/tela. Tito Salas, 1930. Casa natal del Libertador. Caracas - Venezuela. CC-BY-NC-ND 4.0.
La lección de Andrés Bello a Bolívar. Óleo/tela. Tito Salas, 1930. Casa natal del Libertador. Caracas – Venezuela. CC-BY-NC-ND 4.0.

El Seminario de Santa Rosa de Lima: el primer centro de estudios superiores

El giro decisivo ocurrió el 09 de octubre de 1673, cuando el obispo fray Antonio González de Acuña fundó el Seminario de Santa Rosa de Lima en Caracas, el primer centro de estudios superiores de la provincia. La fundación fue aprobada por la reina regente Mariana, madre de Carlos II, en 1675, y se inauguró oficialmente el 29 de agosto de 1696. El Seminario contó con cátedras de gramática, filosofía, teología, música y jurisprudencia, y en 1721 el rey Felipe V lo elevó a la categoría de «Real y Pontificia Universidad».

Antes de esa elevación, en 1697, el obispo Diego de Baños y Sotomayor redactó las primeras constituciones para el colegio, aprobadas por el Monarca el 30 de diciembre de 1697. El antecedente inmediato de la Universidad fue, sin duda, el Colegio Seminario fundado por González de Acuña. La licencia para establecer una Universidad en la capital había sido solicitada en 1697 y negada por despachos de 30 de diciembre de 1697 y 14 de enero de 1700; no fue sino hasta el 22 de diciembre de 1721 cuando el rey la acordó. La instalación formal se produjo el 12 de agosto de 1725, permaneciendo su rectorado unido al del Seminario hasta 1775.

El Colegio San Francisco Javier de Mérida: la semilla jesuita en los Andes

En paralelo al proceso caraqueño, los jesuitas habían establecido en 1628 el Colegio San Francisco Javier en Mérida, germen de la educación en la región andina. Los padres Juan de Arcos y Juan Cabrera tomaron posesión de una casa adyacente a la Plaza Mayor el 14 de mayo de 1628, y desde entonces el colegio prolongó su existencia ininterrumpidamente durante casi ciento treinta y nueve años. Ahí comenzaron a enseñarse las primeras letras y a realizarse estudios más amplios de gramática, base para cursos superiores de filosofía, teología, derecho y medicina que los estudiantes continuaban en Santa Fe de Bogotá, en la Universidad de Santo Domingo o en la Universidad de Caracas a partir de 1721.

Por sus aulas pasaron autores de catecismos en lenguas indígenas, fundadores de institutos docentes en el Nuevo Reino de Granada y destacados latinistas. Los primeros rectores del Colegio fueron los padres Juan de Arcos, Miguel Jerónimo de Tolosa, José Dadei, Julio Ledi, Juan Gregorio, Luis Vergel y Domingo de Molina. Cuando Carlos III ordenó expulsar a la Compañía de Jesús de todos los dominios de América, ya el colegio merideño tenía una biblioteca de 450 volúmenes y un patrimonio económico representado en haciendas, hatos y tierras. Los bienes dejados por los jesuitas sirvieron para fomentar la erección de escuelas de primeras letras en Maracaibo y para alcanzar, tiempo después, la instalación de una universidad en la propia ciudad de Mérida.

Mapa de la Provincia de Venezuela y Misiones de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada. Por P. J. G., c. 1805. Servicio Histórico Militar. Madrid. CC-BY-NC-ND 4.0
Mapa de la Provincia de Venezuela y Misiones de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada. Por P. J. G., c. 1805. Servicio Histórico Militar. Madrid. CC-BY-NC-ND 4.0

El auge cultural en las provincias: Maracaibo y Cumaná

El auge cultural repercutió también en todas las provincias. Los jesuitas se desplazaron desde Mérida hacia Maracaibo para fundar, en 1755, una residencia o colegio incoado que funcionó hasta el extrañamiento de la Orden en 1767. Aún en el siglo XIX perduraba la huella de la magnífica labor desarrollada por los padres de la Compañía de Jesús en tierras zulianas. El viajero François Depons, que a comienzo de dicho siglo visitó esa zona, afirmó: «Mientras los jesuitas estuvieron encargados en Maracaibo de la instrucción de la juventud, salieron de sus Colegios jóvenes que hablaban latín con soltura, dominaban la oratoria, escribían de modo notable… La expulsión de estos sabios institutores privó a la juventud de Maracaibo de otro medio de instruirse».

Al ser expulsados los jesuitas, el cabildo de Maracaibo fundó numerosas escuelas que se sostenían con los bienes de los padres ignacianos. Y los franciscanos continuaron en el claustro de su convento la enseñanza de la filosofía, el derecho y la teología. De esa manera, la cultura en Maracaibo continuó difundiéndose como en tiempos anteriores.

La cátedra de gramática de Cumaná y la Filosofía Tomista

Los cumaneses y merideños reclamaron también la erección de estudios superiores. No querían que Caracas continuara como único centro cultural. Resultaba costoso y difícil a los estudiantes provincianos viajar a la capital para continuar ahí sus estudios. Además, la Universidad de Caracas cobraba demasiado por concepto de matrícula y por el conferimiento de los grados de licenciado, maestro y doctor. A esto se unía el temor de los padres de ver a sus hijos alejados de sus hogares y residenciados en Caracas, ciudad que a ellos les parecía populosa.

El 24 de diciembre de 1759, Cumaná establece una cátedra de gramática dotada con doscientos pesos anuales, bajo la regencia del presbítero bachiller Blas de Rivera. A fin de evitar que se malograran muchos buenos talentos que podrían ser útiles a Dios, al Rey y a la Patria por faltarles la educación en las primeras artes y ciencias para llegar a las facultades mayores, el padre Rivera abrió un curso de filosofía, con autoridad pública, conforme a la escuela tomista. Luego el propio sacerdote solicitó, en unión del Gobernador, que la Corona dotara a la cátedra del real erario. El Monarca accedió a esta petición, y por Real Cédula de 20 de septiembre de 1782, ordenó la instalación de esa cátedra de filosofía, advirtiendo en el texto del despacho que al catedrático no podía removérsele ni privársele de su ejercicio, no siendo por defecto en el cumplimiento de su obligación o por algunos de los motivos prevenidos por derecho.

Portada de El Discurso del Método (ed. c. 1800), de R. Descartes. CC-BY-NC-ND 4.0
Portada de El Discurso del Método (ed. c. 1800), de R. Descartes. CC-BY-NC-ND 4.0

La expulsión jesuita y el vacío educativo de 1767

El 02 de abril de 1767, durante el reinado de Carlos III, se produjo la expulsión de los jesuitas de España y sus colonias. Una de las razones esgrimidas fue que la orden tenía el monopolio de la educación y que sus métodos no se habían modernizado a la par de la entrada de la Ilustración: seguía primando la fe frente a la razón, se ponía demasiado énfasis en la escolástica, los clásicos y el latín, y no se daba suficiente importancia a las ciencias exactas. A los pocos meses de la expulsión, el 05 de octubre de 1767, el monarca español anunció una reforma de la enseñanza de la juventud. En la posterior cédula real del 14 de agosto de 1768, especificó que la educación no podía seguir estando ni bajo el dominio religioso ni bajo el dominio familiar, y que de ahí en adelante el Estado ejercería control y vigilancia sobre los asuntos educativos.

Sin embargo, en Venezuela, el proyecto de crear un Colegio de Nobles que diera preferencia al estudio de matemáticas y ciencias naturales se quedó en proyecto. La educación colonial venezolana perdió a sus maestros más experimentados y las nacientes élites criollas vieron desaparecer los colegios donde aprendían la enseñanza cristiana y las primeras letras.

La Ilustración y los límites del reformismo borbónico

A pesar de los intentos reformistas, la Corona juzgó siempre nociva la enseñanza de ciencias exactas en la provincia. Cuando el Padre Andújar, capuchino aragonés, ofreció servir de balde la cátedra de matemáticas, no hubo medio de obtener la licencia real, a pesar de la recomendación del Gobernador. Lo mismo respondió Carlos IV cuando se le propuso convertir en Universidad el Seminario de Mérida. La Real y Pontificia Universidad de Caracas fue el foco de las ideas más conservadoras de la Colonia, y aun entrado ya el siglo XIX, hasta la víspera de declararse la Independencia, predominaba en ella un espíritu enteramente opuesto al de todo el mundo civilizado.

La clase de medicina no existió sino desde 1763; las matemáticas no se aprendían sino con el coronel D. Nicolás de Castro, que enseñaba gratis en su casa entre 1760 y 1768. La Universidad seguía el modelo escolástico con cuatro facultades: Teología, Derecho (civil y canónico), Medicina y Artes. Había nacido Real en 1721 y Pontificia en 1722, y su instalación definitiva en 1725 marcó el inicio de la educación superior institucionalizada en Venezuela.

Portada de Instituciones filosóficas (ed. 1787), de F. Jacquier. CC-BY-NC-ND 4.0.
Portada de Instituciones filosóficas (ed. 1787), de F. Jacquier. CC-BY-NC-ND 4.0.

El legado de una centuria fundacional

El siglo XVIII venezolano fue, en definitiva, la centuria en que el país adquirió su forma definitiva. La Universidad de Caracas, creada por Real Cédula de Felipe V el 22 de diciembre de 1721, fue el acontecimiento de mayor importancia de todo el período colonial venezolano. En sus aulas se formaron muchos de los protagonistas que declararían la independencia del país; tras la independencia, en 1827, cambió su nombre al definitivo de Universidad Central de Venezuela. El Colegio San Francisco Javier de Mérida, por su parte, sembró la vocación por la academia en los Andes y fue el germen de lo que hoy es la Universidad de Los Andes.

La educación venezolana del siglo XVIII no fue un jardín ilustrado: fue un terreno de tensiones entre la escolástica y la razón, entre el monopolio religioso y el control estatal, entre la formación de un clero culto y la necesidad de abogados y médicos criollos. Pero de esas tensiones nació una institucionalidad educativa que, con todas sus limitaciones, sentó las bases de la Venezuela republicana. La Universidad no fue solo un edificio: fue el escenario donde una provincia periférica del imperio comenzó a pensarse a sí misma. Y en ciudades como Maracaibo y Cumaná, lejos del centralismo caraqueño, se libraron batallas silenciosas por el derecho a la instrucción, sembrando un legado que trascendería la Colonia.

Fuentes Oficiales

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional..

Ani Garcia

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