Juan de Carvajal: la cruenta fundación de El Tocuyo

La historia de Juan de Carvajal se despliega como un relato de ambición y tragedia. Nacido hacia 1511 en Villafranca de los Barros, llegó a Coro en un momento de fractura política, decidido a consolidar su poder en tierras venezolanas. Para legitimar su autoridad, recurrió a la falsificación de documentos, presentándose como gobernador cuando en realidad solo ostentaba un cargo menor. Sus aspiraciones lo llevaron a conspirar contra Felipe de Hutten y Bartolomé Welser VI, figuras centrales de la empresa alemana en Venezuela. El complot culminó en la captura y ejecución de ambos el 17 de mayo de 1546, un acto que selló la ruptura definitiva con los Welser. La respuesta de la Corona fue inmediata: el juez de residencia Juan Pérez de Tolosa inició un proceso riguroso que desenmascaró las falsificaciones y condenó a Carvajal. El 17 de septiembre de 1546, arrastrado por la plaza de El Tocuyo, terminó en la horca, convertido en símbolo de la violencia fundacional.

Orígenes de un escribano castellano

La figura de Juan de Carvajal se construye desde una historia marcada por la tensión entre la hidalguía pobre y la ambición desbordada. Las fuentes institucionales —en especial la Real Academia de la Historia— coinciden en que nació hacia 1511 en Villafranca de los Barros, dentro de un linaje de hidalgos de bajo rango, sin patrimonio significativo ni redes de poder que garantizaran ascenso social en Castilla. Esta condición, lejos de limitarlo, actuó como motor para buscar en las Indias aquello que la península le negaba: riqueza, autoridad y un lugar en la jerarquía colonial. La historiografía venezolana, desde Oviedo y Baños hasta Fray Pedro Simón, reconoce en Carvajal a un hombre que entendió tempranamente que el Nuevo Mundo ofrecía oportunidades para quienes supieran maniobrar entre leyes, vacíos administrativos y disputas de poder.

Retrato de Juan de Carvajal, estilo Barroco del Siglo XVI. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Juan de Carvajal, fundador de El Tocuyo 01 de noviembre de 1546. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

A diferencia de muchos conquistadores que llegaron a Tierra Firme sin alfabetización plena, Carvajal poseía una formación jurídica que lo distinguía. Era un hombre de letras, instruido en procedimientos legales, retórica administrativa y técnicas de registro documental. Esta educación le permitió ocupar cargos que exigían precisión y autoridad en el manejo de la palabra escrita. Según la documentación conservada en la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, Carvajal ejerció como escribano de la Corona y posteriormente como Procurador General en Santa Ana de Coro entre 1529 y 1530, en los primeros años de la gobernación de los Welser. Su presencia en Coro coincidió con la instalación del experimento colonial alemán, un proyecto financiero que transformó la dinámica política del territorio.

La formación legal de Carvajal fue decisiva para articular una oposición temprana al monopolio de los banqueros alemanes Bartolomé Welser y su hijo. Mientras otros conquistadores se limitaban a cuestionar la autoridad alemana desde la fuerza, Carvajal lo hacía desde la letra jurídica, denunciando irregularidades y aprovechando los vacíos normativos que la Corona había dejado en las capitulaciones. Su capacidad para leer, redactar y reinterpretar documentos oficiales lo convirtió en un actor incómodo para la empresa Welser, que dependía de la estabilidad administrativa para sostener sus rutas de exploración y explotación.

Las fuentes consultadas —incluyendo la Fundación Empresas Polar y los estudios citados por Manuel Alberto Donís Ríos— muestran que Carvajal no era un simple aventurero, sino un estratega que comprendía la importancia de la legitimidad escrita. Su posterior falsificación de documentos, aunque delictiva, revela la sofisticación de su pensamiento político: sabía que en el entramado colonial la autoridad no solo se imponía con armas, sino también con sellos, firmas y títulos. Este dominio de la burocracia fue el cimiento de su ascenso y, paradójicamente, la causa de su caída.

Así, los orígenes de Juan de Carvajal deben entenderse como la historia de un hidalgo sin fortuna que encontró en la escritura un instrumento de poder. Su tránsito desde Castilla hasta Coro no fue el de un conquistador común, sino el de un funcionario que aspiraba a moldear el territorio venezolano desde la ley, la administración y la ambición personal. En ese cruce entre pobreza, educación y deseo de mando se gestó el personaje que más tarde protagonizaría uno de los episodios más cruentos de la Venezuela del siglo XVI.

Enfrentamiento entre autoridades españolas y los alemanes Welser

El choque entre Juan de Carvajal y la empresa alemana de los Welser se gestó en un territorio marcado por la ausencia de autoridad efectiva. Mientras los gobernadores alemanes emprendían largas expediciones hacia el interior —como las de Ambrosio Alfinger y Jorge de Espira— la gobernación de Venezuela quedaba sumida en un vacío de poder que afectaba tanto a los pobladores españoles como a las comunidades indígenas. Las fuentes institucionales, especialmente la Fundación Empresas Polar, registran que entre 1545 y 1546 la administración Welser atravesaba un periodo crítico: rutas abandonadas, ciudades sin protección y una creciente sensación de desgobierno.

Este vacío permitió que los abusos cometidos por los representantes alemanes se intensificaran. Testimonios recogidos por Oviedo y Baños y Fray Pedro Simón describen episodios de violencia contra indígenas y colonos españoles, así como exigencias desmedidas de tributos y servicios. La empresa Welser, concebida originalmente como un proyecto financiero, terminó operando como un poder autónomo que imponía su autoridad sin mecanismos de control efectivos. En este clima de tensión, Carvajal encontró terreno fértil para articular una oposición política que apelaba tanto al descontento local como a la legalidad castellana.

Gracias a su formación jurídica, Carvajal comprendió que la debilidad administrativa de los Welser podía convertirse en argumento para cuestionar su legitimidad. Desde Coro, comenzó a denunciar irregularidades, a reinterpretar capitulaciones y a señalar el incumplimiento de las obligaciones alemanas ante la Corona. Su discurso, sustentado en la letra legal, atrajo a numerosos seguidores: encomenderos, soldados y pobladores que veían en él una alternativa frente al dominio extranjero. Las investigaciones citadas por Manuel Alberto Donís Ríos muestran que Carvajal no solo actuó como opositor, sino como estratega político capaz de movilizar alianzas y construir una narrativa de defensa del territorio.

La conspiración contra los Welser se consolidó cuando Carvajal logró posicionarse como líder de facto en la región. Su capacidad para manipular documentos, reinterpretar leyes y presentarse como representante legítimo de la Corona le permitió desafiar abiertamente a Felipe de Hutten y Bartolomé Welser VI. En este enfrentamiento, la política colonial se transformó en un escenario de intrigas, acusaciones y maniobras que desembocaron en uno de los episodios más dramáticos de la conquista. Carvajal, apoyado por una base social cansada de los abusos alemanes, emergió como figura central en la ruptura definitiva entre las autoridades españolas y la empresa Welser.

Un nuevo modelo de colonización: “tierras y encomienda”

La salida de Juan de Carvajal de Coro hacia las tierras del interior marcó un giro decisivo en la configuración política y económica del occidente venezolano. Las fuentes institucionales —en especial la Fundación Empresas Polar— registran que en 1545 Carvajal emprendió la ruta hacia los valles del río Tocuyo, aprovechando el vacío de autoridad provocado por las expediciones prolongadas de Felipe de Hutten y Bartolomé Welser VI. En ese contexto de abandono administrativo, Carvajal fundó El Tocuyo el 01/11/1545, estableciendo un núcleo urbano que respondía a un modelo de colonización distinto al impuesto por los alemanes: uno basado en la redistribución de tierras, la organización agrícola y la creación de una base social leal a su liderazgo.

La fundación de El Tocuyo permitió a Carvajal implementar un sistema de repartos de tierra que buscaba estabilizar la región y atraer pobladores. Según los testimonios recogidos por Oviedo y Baños y Fray Pedro Simón, Carvajal otorgó solares y parcelas a soldados, encomenderos y familias que se comprometieran a cultivar y defender el territorio. Este proceso, aunque revestido de legalidad castellana, también respondía a una estrategia política: consolidar una comunidad dependiente de su autoridad, capaz de sostener la ciudad frente a las pretensiones de los Welser y de cualquier otra facción rival.

Junto con la tierra, Carvajal introdujo un sistema de encomienda de indios que reorganizó la economía local. Las encomiendas, distribuidas entre sus seguidores, permitieron el acceso a mano de obra indígena para labores agrícolas, construcción y abastecimiento. Las fuentes citadas por Manuel Alberto Donís Ríos señalan que Carvajal procuró mantener cierta estabilidad en las relaciones con los cacicazgos locales, consciente de que la supervivencia de El Tocuyo dependía de una coexistencia menos violenta que la practicada por los gobernadores alemanes. Aunque la encomienda implicaba dominación, Carvajal buscó evitar los excesos que habían caracterizado la administración Welser, lo que le ganó apoyo entre los pobladores españoles y redujo la resistencia indígena en la zona.

Este modelo de colonización —basado en tierra, agricultura y encomienda— fortaleció la posición de Carvajal en un momento en que la gobernación alemana se encontraba debilitada. Con Hutten y Welser ausentes en sus expediciones, Carvajal se consolidó como autoridad de facto en el occidente venezolano. Su capacidad para organizar la producción, distribuir recursos y garantizar protección convirtió a El Tocuyo en un centro político emergente. La historiografía coincide en que, entre 1545 y 1546, Carvajal logró construir un poder territorial que desbordaba su cargo formal y que lo posicionó como uno de los actores más influyentes de la región, preparando el escenario para el conflicto definitivo con los representantes de la empresa alemana.

El regreso de Hutten y el crimen de Carvajal

Mientras Juan de Carvajal afianzaba su poder en El Tocuyo, el destino avanzaba desde la selva profunda. Felipe de Hutten regresaba tras una de las expediciones más extensas del siglo XVI venezolano: cerca de 5.000 kilómetros recorridos en casi cinco años, atravesando los afluentes superiores del Amazonas —el Napo y el Huallaga— y entrando en contacto con los Omaguas. De los 130 hombres que habían partido, apenas 60 sobrevivientes lo acompañaban de vuelta. Entre ellos viajaba Bartolomé Welser VI, hijo del banquero de Augsburgo y símbolo viviente de la empresa alemana en Venezuela.

Al llegar al valle de Barquisimeto, Hutten recibió noticias inquietantes: Carvajal se había proclamado gobernador y controlaba la región. El encuentro era inevitable. Las crónicas —incluyendo las de Oviedo y Baños y Fray Pedro Simón— narran que Carvajal invitó a Hutten a su campamento para negociar. Pero la reunión se tornó explosiva. Hutten, debilitado pero aún convencido de su legitimidad, se negó a reconocer los títulos de Carvajal. La tensión estalló cuando Bartolomé Welser VI golpeó a Carvajal con el asta de una lanza y lo arrojó al lodo. Aquel ultraje, más que físico, fue político: un desafío directo a la autoridad que Carvajal había construido.

El golpe selló el destino de los alemanes. Carvajal fingió permitirles continuar hacia Coro, pero los siguió sigilosamente. En las faldas de la montaña de los jiraharas, los atacó y los capturó sin posibilidad de defensa. Lo que siguió fue uno de los actos más brutales registrados por la historiografía venezolana. En mayo de 1546, Carvajal ordenó la decapitación de Felipe de Hutten, Bartolomé Welser VI, Diego Romero y Gregorio de Plasencia. Las ejecuciones se realizaron de manera pública, con una violencia calculada que buscaba borrar cualquier vestigio de autoridad alemana en el territorio.

Carvajal alegó después que actuó en defensa del pueblo y que los Welser habían impuesto condiciones inhumanas sobre españoles e indígenas. Sin embargo, desconocía un hecho crucial: el Consejo de Indias ya había revocado la cesión a los alemanes. Su crimen no fue un acto de soberanía, sino un asesinato político que estremeció a la gobernación y dejó una marca indeleble en la memoria histórica de Venezuela.

El juicio de residencia: la condena de Carvajal

La Corona reaccionó con una rapidez inusual ante el clima de desgobierno que se había instalado en la Provincia de Venezuela. Los abusos cometidos por los representantes de la empresa alemana Welser, ampliamente documentados por la Fundación Empresas Polar y denunciados por pobladores y encomenderos, ya habían generado preocupación en Madrid. Pero el sangriento episodio del 17 de mayo de 1546, cuando Juan de Carvajal ordenó la decapitación de Felipe de Hutten, Bartolomé Welser VI, Diego Romero y Gregorio de Plasencia, convirtió la situación en un asunto de Estado. La Corona no podía permitir que un escribano, por más influencia que hubiese acumulado, se arrogara facultades judiciales y ejecutivas que solo correspondían al poder real.

En respuesta, el Consejo de Indias designó a Juan Pérez de Tolosa como juez de residencia y gobernador interino. Las fuentes institucionales —en particular la Real Academia de la Historia y la Academia Nacional de la Historia de Venezuela— coinciden en que Tolosa recibió una triple misión: investigar los abusos de los Welser, levantar juicio contra Carvajal por el asesinato de los funcionarios alemanes y restablecer el orden colonial en una provincia que se encontraba al borde del colapso administrativo.

La llegada de Tolosa a Venezuela en junio de 1546 marcó el inicio de un proceso judicial exhaustivo. Instalado primero en Coro y luego en El Tocuyo, comenzó a interrogar a testigos sobre la conducta de los Welser. Los testimonios recogidos —según las crónicas citadas por Manuel Alberto Donís Ríos— fueron enviados al monarca en octubre de 1546, confirmando que la empresa alemana había incumplido sus obligaciones y abusado de su autoridad. Este hallazgo reforzó la decisión ya tomada por la Corona: la revocación definitiva de las capitulaciones otorgadas a los banqueros de Augsburgo.

Concluida la fase de investigación sobre los Welser, Tolosa centró su atención en Carvajal. El escribano, consciente de que su destino estaba sellado, intentó huir hacia las montañas del interior. Las fuentes académicas señalan que la persecución fue intensa: Tolosa movilizó tropas y aliados locales, avanzando por caminos abruptos hasta localizarlo en las cercanías de El Tocuyo. Carvajal, sin fuerzas ni apoyo suficiente, se rindió sin resistencia el 08 de julio de 1546.

El juicio comenzó el 27 de agosto de 1546 en El Tocuyo. Durante el proceso, Tolosa presentó pruebas contundentes: declaraciones de testigos, documentos falsificados y testimonios sobre la emboscada en la montaña de los jiraharas. El hallazgo más decisivo ocurrió el 26 de agosto de 1546, cuando se descubrieron los títulos falsificados que Carvajal había creado para presentarse como gobernador legítimo. Aquella evidencia destruyó cualquier defensa posible.

La sentencia, dictada el 16 de septiembre de 1546, fue tan severa como simbólica. Carvajal sería arrastrado por la plaza atado a la cola de un caballo y luego colgado con una soga de esparto. Sus bienes serían confiscados para cubrir los gastos del juicio y de la ejecución. El castigo se cumplió el 17 de septiembre de 1546, según la tradición, en la misma ceiba donde él había ajusticiado a tantos. Con su muerte, la Corona cerró definitivamente el capítulo de la gobernación Welser y restableció la autoridad castellana en la Provincia de Venezuela.

Reorganización de la Provincia

Tras la ejecución de Juan de Carvajal el 17 de septiembre de 1546, la Provincia de Venezuela quedó sumida en un vacío institucional que exigía una reorganización inmediata. La Corona había enviado a Juan Pérez de Tolosa con una triple misión: investigar los abusos de los Welser, juzgar a Carvajal por el crimen de mayo de 1546 y restablecer el orden colonial en un territorio que llevaba años sometido a expediciones fallidas, disputas internas y autoridades fragmentadas. Con la sentencia cumplida, Tolosa se concentró en reconstruir la estructura política de la provincia, devolviendo estabilidad a una región marcada por la violencia y la incertidumbre.

Las fuentes institucionales —en especial la Real Academia de la Historia y la Fundación Empresas Polar— señalan que Tolosa inició una revisión exhaustiva de cargos, encomiendas y repartos de tierra. Su objetivo era depurar responsabilidades sin desarticular la vida cotidiana de los pobladores. En este proceso, uno de los casos más delicados fue el de Juan de Villegas, figura prominente en la región y colaborador ocasional de Carvajal. Villegas había participado en la administración local durante el ascenso del escribano, lo que generó sospechas sobre su posible implicación en los hechos que culminaron con la muerte de Hutten y Welser VI.

El juicio sobre Villegas fue minucioso. Tolosa interrogó testigos, revisó documentos y contrastó declaraciones enviadas previamente al monarca en octubre 1546. Las fuentes académicas —incluyendo los estudios citados por Manuel Alberto Donís Ríos— coinciden en que no se halló evidencia que vinculara a Villegas con la emboscada en la montaña de los jiraharas ni con la ejecución de los alemanes. Su papel, aunque cercano a Carvajal en ciertos momentos, no implicaba participación directa en los crímenes ni en la falsificación de títulos.

Plano de la Ciudad del Tocuyo 1578 - 1579. Cabildo del Tocuyo, Real Academia de la Historia. Madrid - España.
Plano de la fundación de El Tocuyo, El Cabildo de El Tocuyo 1578 – 1579. Real Academia de la Historia. Madrid – España. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Absuelto de toda responsabilidad, Villegas fue ratificado como Teniente de Gobernador. Esta decisión fue clave para la reorganización de la Provincia: Villegas era uno de los pocos funcionarios con experiencia administrativa, arraigo local y capacidad para mantener la estabilidad en El Tocuyo y sus alrededores. Tolosa, consciente de la fragilidad del territorio, necesitaba figuras que pudieran sostener la transición hacia un gobierno plenamente castellano tras la caída del régimen Welser.

La reorganización emprendida por Tolosa marcó el inicio de una nueva etapa en la Provincia de Venezuela. Con la autoridad restituida, los abusos controlados y los cargos legitimados, el territorio comenzó a integrarse de manera más sólida al proyecto imperial español. La muerte de Carvajal cerró un ciclo de violencia, pero la labor de Tolosa abrió el camino hacia una administración más estable, donde figuras como Villegas desempeñarían un papel fundamental en la consolidación del orden colonial.

El fundador y usurpador

La figura de Juan de Carvajal ocupa un lugar singular en la historiografía venezolana: es, al mismo tiempo, el fundador de la primera ciudad del interior y el usurpador que terminó en la horca por falsificación y homicidio. Su vida encarna una paradoja que atraviesa el nacimiento de la Provincia de Venezuela: la construcción de un orden colonial agrario surgido, no de la estabilidad institucional, sino del conflicto, el engaño y la violencia. La fundación de El Tocuyo el 01 de noviembre de 1545 —registrada por las fuentes institucionales y académicas— inauguró un modelo de poblamiento que rompió con las expediciones depredadoras de los Welser, sustituyendo la búsqueda de oro por la organización agrícola, el reparto de tierras y la consolidación de un núcleo urbano estable.

Carvajal fue, sin duda, un fundador. Su visión de una ciudad interior, articulada alrededor de la agricultura y la encomienda, permitió que El Tocuyo se convirtiera en el primer centro poblacional permanente del occidente venezolano. Las crónicas de Oviedo y Baños y Fray Pedro Simón coinciden en que la ciudad se transformó rápidamente en un eje político y económico, desde el cual se proyectaron nuevas rutas y se estabilizó la presencia castellana. En ese sentido, Carvajal abrió el camino para una colonización más estructurada, menos errante y más vinculada a la tierra.

Pero ese fundador fue también un usurpador. Su ascenso se sostuvo en títulos falsificados, en la manipulación de documentos y en la construcción de una autoridad que no le correspondía. El asesinato de Felipe de Hutten, Bartolomé Welser VI, Diego Romero y Gregorio de Plasencia en mayo de 1546 reveló la dimensión más oscura de su proyecto político: la eliminación violenta de quienes representaban un obstáculo para su dominio. La historiografía venezolana reconoce en este acto no solo un crimen, sino un quiebre moral que definió su destino.

La ejecución de Carvajal el 17/09/1546 fue más que un castigo: fue un mensaje claro de la Corona. Ningún funcionario, por hábil o influyente que fuese, podía arrogarse la autoridad real. La horca cerró el ciclo del usurpador, pero no borró la huella del fundador. El Tocuyo permaneció como cuna de la colonización interior y como símbolo de la transición entre dos modelos: el fracaso de la empresa alemana y el inicio de una Venezuela articulada desde la agricultura, la escritura y la disputa por el poder.

Fuentes Oficiales

Institucionales

Académicas

  • Oviedo y Baños, José deHistoria de la conquista y población de la provincia de Venezuela (1723). Edición consultada: Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1992.
  • Simón, Fray PedroNoticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales (1627). Edición consultada: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas.
  • Barandiaran, Daniel deHistoria de la conquista de Venezuela. Citado en el discurso de incorporación de Manuel Alberto Donís Ríos a la Academia Nacional de la Historia.
  • Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-14-3. Depósito Legal: lf 53220059002280.

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

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