Expediciones de Jerónimo de Ortal y Alonso de Herrera en el río Orinoco

Jerónimo de Ortal. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Jerónimo de Ortal. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

El 22 de junio de 1531, una flotilla de cuatro navíos al mando del comendador Diego de Ordaz surcó las aguas del delta del Orinoco e inició la primera exploración europea documentada del curso principal de este coloso fluvial. Aquella empresa, que remontó el río hasta los raudales de Atures, no halló las riquezas soñadas, pero sembró la semilla de una obsesión que durante la década siguiente consumiría a dos de sus capitanes: Jerónimo de Ortal y Alonso de Herrera. Sus expediciones, desarrolladas entre 1534 y 1535, representan un capítulo esencial, aunque frecuentemente eclipsado, de la temprana penetración hispana en el interior de Venezuela. Lejos de las narrativas triunfalistas, estas jornadas estuvieron marcadas por la precariedad logística, las disputas jurisdiccionales y la trágica muerte de Herrera en las riberas del Guaviare. Su legado, sin embargo, no fue estéril: contribuyeron decisivamente al conocimiento geográfico de la cuenca del Orinoco y sentaron las bases cartográficas para las exploraciones que, décadas después, consolidarían la presencia colonial en la región.

La estela de Ordás: preludio de una obsesión fluvial (1531-1532)

Para comprender las empresas de Ortal y Herrera es preciso remontarse a la expedición de Diego de Ordaz, el verdadero pionero de la navegación del Orinoco. Ordaz, veterano de la conquista de México, obtuvo en 1530 una capitulación que le otorgaba el derecho a explorar y poblar las tierras comprendidas entre el río Marañón y el cabo de la Vela. Su flota partió de Tenerife en ese mismo año, pero el naufragio de varias naves desvió el objetivo inicial hacia la desembocadura del Orinoco. Fue así como, en junio de 1531, Ordaz y sus hombres —entre los que se contaban Jerónimo de Ortal como tesorero y capitán, y Alonso de Herrera como maestre de campo— penetraron en el delta y comenzaron el ascenso del río.

La expedición de Ordaz logró remontar el Orinoco hasta los raudales de Atures, donde la navegación se volvió impracticable. Aunque no encontró minas de oro, los informantes indígenas alimentaron la esperanza de un «país interno rico en oro». Este rumor, junto con la fascinación por el mito de El Dorado, se convertiría en el motor de las expediciones posteriores. Ordaz falleció en el viaje de regreso a España, probablemente envenenado, dejando un vacío de poder que la Audiencia de Santo Domingo intentó llenar designando a Alonso de Herrera como gobernador interino de Paria. Sin embargo, la muerte de Ordaz desató una compleja disputa sucesoria que condicionaría todos los acontecimientos posteriores.

Jerónimo de Ortal: gobernador de Paria y la quimera del Meta (1534-1535)

Jerónimo de Ortal, natural de Zaragoza (c. 1500 – Santo Domingo, c. 1541), era un soldado de carrera que había participado en las campañas de Navarra (1516 y 1521) y en el asedio de Fuenterrabía (1522) antes de embarcar hacia Indias hacia 1525. Su papel como tesorero y capitán en la expedición de Ordaz le otorgó un conocimiento directo del Orinoco y, sobre todo, la ambición de continuar la empresa. Aprovechando la influencia de Francisco de los Cobos, secretario del Consejo de Estado de Carlos V, Ortal solicitó y obtuvo en 1533 la gobernación de Paria y la Contaduría Real de Cubagua.

El 15 de octubre de 1534, Ortal llegó a Paria para tomar posesión de su cargo. Allí se encontró con una situación precaria: Alonso de Herrera, que había sido designado por la Audiencia, se hallaba en la fortaleza con «unos pocos compañeros hambrientos y amedrentados». Lejos de enfrentarse, ambos reconocieron la necesidad de colaborar. Ortal confirmó a Herrera como su capitán general y le encomendó la exploración del curso alto del Orinoco, con el objetivo de alcanzar el río Meta, donde se suponía que se hallaban las riquezas ansiadas.

La expedición de Ortal, sin embargo, se vio paralizada por las disputas con Antonio Sedeño, gobernador de la isla de Trinidad, quien le impidió seguir la estela de Herrera. Ortal organizó una fuerza de unos trescientos hombres, pero la logística resultó desastrosa. Mientras Herrera partía río arriba, Ortal se desplazó a Cubagua para reunirse con el capitán Juan Fernández de Alderete, quien había llegado con refuerzos desde Sevilla. Esta decisión, aparentemente táctica, terminó siendo fatal: Ortal quedó atrapado en los conflictos jurisdiccionales de la costa mientras Herrera se adentraba en territorio hostil sin posibilidad de recibir apoyo.

Tras el fracaso de la expedición de Herrera, Ortal intentó dos nuevas entradas en busca de El Dorado. En la primera intentó alcanzar el Meta por tierra, sin éxito. En la segunda encontró una ruta más corta desde Paria hasta el Orinoco, pero tampoco logró hallar las riquezas soñadas. Su verdadera contribución, como señala la historiografía, radica en la ampliación del conocimiento geográfico del interior venezolano y en el establecimiento de rutas que serían retomadas por exploradores posteriores. Ortal falleció en Santo Domingo alrededor de 1541, sin haber visto coronado su esfuerzo.

Alonso de Herrera. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Alonso de Herrera. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Alonso de Herrera: maestre de campo y el fin trágico en el Guaviare (1535)

Alonso de Herrera del Lago, natural de Jerez de la Frontera (f. s. XV – Venezuela, 1535), era un conquistador de larga trayectoria. Había participado en la conquista de México bajo las órdenes de Hernán Cortés, combatiendo en la batalla de Cintla (1519), sobreviviendo a la Noche Triste y tomando parte en la caída de Tenochtitlan. Su amistad con Diego de Ordaz, forjada en las campañas mexicanas, lo llevó a embarcarse en la aventura del Orinoco. Cuando Ordaz murió, la Audiencia de Santo Domingo lo designó para continuar las exploraciones, aunque su mandato fue efímero y estuvo marcado por revueltas y motines.

La expedición que Herrera emprendió en 1535, en alianza con Ortal, fue la más ambiciosa de cuantas se habían organizado hasta entonces. Partiendo de Paria, la flotilla de bergantines navegó por el «rio de Uria paria» y ascendió el Orinoco hasta alcanzar la confluencia con el río Meta. Este era el objetivo estratégico: el Meta, según los rumores indígenas, conducía a las tierras del El Dorado. Herrera y sus hombres se convirtieron así en los primeros europeos en navegar las corrientes del Meta.

Sin embargo, el avance por el Meta resultó trágico. Tras navegar algunos días río arriba, la expedición fue atacada por comunidades indígenas. Herrera recibió una flecha envenenada y murió en el enfrentamiento. Otras fuentes señalan que la muerte ocurrió en una «guazavera» (guazábara o batalla campal) librada al sur del río Guaviare, en territorio de la actual Colombia. La pérdida del líder desintegró la empresa. Álvaro de Ordaz, primo de Diego, asumió el mando, pero la moral de la tropa estaba quebrada. Los supervivientes emprendieron el difícil retorno río abajo, mientras Ortal, que se hallaba en la isla de Trinidad con la intención de reunirse con Herrera, recibió la noticia del desastre en Cubagua.

La muerte de Herrera no solo truncó la expedición, sino que puso de manifiesto las limitaciones estructurales del modelo de conquista en la cuenca del Orinoco: la subestimación de la resistencia indígena, la fragilidad de las cadenas logísticas y la dependencia de informaciones geográficas imprecisas. Herrera, a diferencia de otros conquistadores más célebres, no dejó tras de sí ciudades ni riquezas, sino un legado de advertencia y un mapa mental del Meta que alimentaría las empresas de Antonio de Berrío décadas después.

El Orinoco como eje estratégico: cartografía del fracaso y la persistencia

Las expediciones de Ortal y Herrera no pueden disociarse del contexto geopolítico que las hizo posibles y, a la vez, las condenó al fracaso. En la década de 1530, la corona española aún no había definido con claridad las jurisdicciones en Tierra Firme. La Provincia de Venezuela, otorgada a los Welser en 1528, coexistía con las gobernaciones de Paria, Trinidad y Nueva Andalucía, generando un puzzle jurisdiccional que los conquistadores explotaban en su beneficio. Ortal y Herrera fueron, en este sentido, producto de una época de transición, cuando los adelantados y los gobernadores luchaban por legitimar sus dominios ante la Audiencia de Santo Domingo y el Consejo de Indias.

El Orinoco, con sus 2.140 kilómetros de curso y su inmensa cuenca, representaba para los conquistadores una vía de penetración natural hacia el interior del continente. Pero también era un espacio de frontera, donde el control hispano era prácticamente inexistente y donde las comunidades indígenas —como los warao del delta, los caribes del curso medio y los guahibos del Meta— ofrecían una resistencia organizada que los cronistas raramente supieron valorar en su justa medida. La muerte de Herrera no fue un accidente, sino el resultado de una confrontación asimétrica en la que los españoles, pese a su superioridad tecnológica, carecían de los conocimientos y los aliados necesarios para avanzar.

A pesar de estos reveses, el conocimiento geográfico acumulado por Ortal y Herrera fue considerable. Sus derroteros permitieron corregir los errores de los mapas anteriores y establecer que el Orinoco no era un brazo del Amazonas, como se había especulado, sino una cuenca independiente con conexiones hacia el Meta y, potencialmente, hacia el sistema del Guaviare. Este saber cartográfico, transmitido a través de los informes elevados a la Audiencia y de las crónicas de fray Pedro de Aguado, sería crucial para la expedición de Antonio de Berrío en la década de 1580, que finalmente consolidó la presencia hispana en la región del Orinoco medio.

Legado de las expediciones: conocimiento geográfico y memoria colonial

El legado de Ortal y Herrera es, ante todo, un legado de conocimiento geográfico y memoria documental. A diferencia de otros conquistadores que dejaron ciudades y encomiendas, estos dos capitanes dejaron principalmente relatos, mapas y advertencias. La Historia de Venezuela de fray Pedro de Aguado, escrita en la segunda mitad del siglo XVI, recoge con detalle los avatares de ambas expediciones, convirtiéndose en la fuente primaria más relevante para su reconstrucción. Aguado, que fue cronista oficial de la orden franciscana, tuvo acceso a los informes de los supervivientes y a las declaraciones de los propios protagonistas, lo que otorga a su relato un valor documental excepcional.

Desde una perspectiva historiográfica, las expediciones de Ortal y Herrera ilustran la complejidad del proceso de conquista en regiones periféricas del Imperio español. No fue un avance lineal y triunfante, sino una sucesión de tanteos, errores y fracasos que solo con el tiempo y la acumulación de conocimientos permitió la ocupación efectiva del territorio. La muerte de Herrera y el repliegue de Ortal no deben leerse como episodios menores, sino como momentos fundacionales de una experiencia colonial que se construyó sobre la precariedad y el conflicto.

En la memoria colectiva venezolana, estos nombres han quedado ensombrecidos por figuras más sobresalientes como la de Ordaz o, más tarde, la de Berrío. Sin embargo, su contribución al conocimiento del Orinoco y de sus afluentes es innegable. Ortal, en particular, fue el primero en trazar una ruta terrestre desde Paria hasta el Orinoco que evitaba los peligros del delta, un hallazgo que facilitaría las comunicaciones entre la costa y el interior durante décadas. Herrera, por su parte, abrió la vía del Meta, aunque a costa de su propia vida.

El estudio de estas expediciones invita, finalmente, a una reflexión sobre los límites del proyecto imperial en el siglo XVI. La búsqueda de El Dorado, que movilizó a centenares de hombres y consumió recursos enormes, fue también una búsqueda de sentido en un mundo nuevo que desafiaba todas las categorías europeas. Ortal y Herrera no encontraron oro, pero ayudaron a dibujar el mapa de un territorio que, con el tiempo, se convertiría en una de las regiones más complejas y ricas de la América hispana. Su fracaso, visto en perspectiva, fue también un acto de fundación.

Fuentes Oficiales

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

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