El apodo que Simón Bolívar le otorgó a Boconó en plena Campaña Admirable —“Jardín de Venezuela”— no es solo un elogio a su exuberante paisaje, sino un reflejo de su propia naturaleza histórica: un lugar que no fue plantado por decreto real ni trazado en damero, sino que germinó de la terquedad de unos pocos que, en 1563, prefirieron echar raíces profundas antes que obedecer un traslado. Boconó pertenece a esa estirpe de ciudades que nacen del arraigo y no del papel. Su historia no es la de una fundación propiamente dicha, sino la de una permanencia desafiante; aquellos encomenderos plantaron cara a la autoridad colonial y se quedaron en el valle que ya habitaban, negándose a mover la ciudad que les había sido impuesta. Ese gesto fundacional —más rebelde que sumiso— convirtió a Boconó en un caso singular dentro de la historiografía venezolana y sentó las bases de una identidad que, casi cinco siglos después, sigue siendo tan fértil como la tierra que la vio nacer.
El sustrato prehispánico: los Cuicas y la vida en el valle
Mucho antes de que las huestes de Diego García de Paredes pisaran estas tierras, el valle del río Boconó ya era un espacio vital para los pueblos indígenas que habitaban la cordillera andina. La región, al igual que gran parte del actual estado Trujillo, fue dominio del grupo indígena Cuica hasta finales del siglo XVI, cuando fue desplazado tras la conquista española. Su presencia, sin embargo, no fue un mero paréntesis en la historia: marcó profundamente la identidad cultural de la zona y dejó huellas visibles en la organización del territorio y en las prácticas agrícolas que aún perviven.
Los Cuicas eran, ante todo, agricultores. Antes de la llegada de los europeos, cultivaban la mayor parte de los suelos fértiles con maíz, frijoles, yuca, arracacha, auyama, papa y frutas, e intercambiaban con otras poblaciones aborígenes para complementar su dieta. La tierra era de usufructo colectivo y no existían diferencias sociales y económicas pronunciadas, salvo cierta “superioridad” del chamán y del cacique. Como religión, practicaban fundamentalmente el naturismo, mediante el que respetaban y adoraban distintos componentes medioambientales: lagunas, páramos y otros accidentes geográficos que consideraban sagrados. Su estructura social se organizaba en clanes familiares que compartían el trabajo comunitario, una lógica de reciprocidad que los cronistas españoles confundieron con sumisión, pero que en realidad reflejaba una cosmovisión profundamente solidaria.
Los Cuicas desarrollaron un sistema de vida en armonía con el entorno montañoso que los rodeaba. Su legado, aunque muchas veces silenciado por la histora, pervive en la memoria colectiva de los boconeses y en la propia toponimia de la región. El nombre “Boconó” mismo es una voz de origen indígena, un vestigio lingüístico que conecta el presente con aquel mundo prehispánico que los primeros cronistas españoles encontraron al internarse en los Andes venezolanos.
El contexto colonial y el nacimiento de Boconó (1560-1563)
La historia de Boconó no puede entenderse sin la accidentada fundación de Trujillo. Diego García de Paredes, conquistador extremeño a cargo de la empresa colonizadora en la región, fundó la ciudad de Trujillo en 1558 en el sitio conocido como El Collado. Sin embargo, las condiciones del lugar no eran las más adecuadas: la topografía accidentada, la escasez de agua y la hostilidad de algunos grupos indígenas hacían poco viable el asentamiento. Fue así como, en marzo de 1560, García de Paredes decidió el traslado de la ciudad de Trujillo del Collado a las fértiles vegas del río Boconó, rebautizándola ahora como Trujillo de Salamanca.

El nuevo emplazamiento, a orillas del río Boconó, ofrecía condiciones mucho más favorables: tierras fértiles, agua abundante y un clima apacible. García de Paredes consideró que era “más apacible el sitio” y procedió al reparto de encomiendas entre agosto y octubre de 1560, lo que sirvió de base a la economía rural y agrícola del Valle de Boconó. Pero la decisión no fue unánime. Surgieron desacuerdos y enfrentamientos entre Diego García de Paredes, partidario de que Trujillo permaneciera en el Valle, y Alonso Pacheco, que se oponía a tal decisión. La disputa trajo como consecuencia un nuevo traslado de Trujillo, esta vez, a las riberas del río Motatán.
Fue entonces cuando ocurrió el gesto que cambiaría la historia de Boconó para siempre. Un grupo de encomenderos, a cuyo frente estaba Juan de Segovia, decidió permanecer en el valle del río Boconó, negándose a seguir la orden de traslado. El 30 de mayo de 1563, fecha del inminente traslado de Trujillo de Salamanca, los encomenderos ratificaron su decisión en contra del traslado y Juan de Segovia, al mando de los suyos, hizo respetar su criterio. Ese día, Boconó dejó de ser un simple valle para convertirse en un asentamiento definitivo, fiel a su nombre y a su territorio.
La historiografía reciente ha insistido en que no debe hablarse de “fundación” de Boconó, porque Boconó ya existía; lo que se celebró fue la negativa de sus pobladores a un traslado. Como bien señala la cronista oficial del municipio, Lourdes Dubúc de Isea, el hito fundacional no es un acto de imposición sino de resistencia: la decisión de quedarse, de echar raíces en un lugar que ya era propio.
La colonia: encomiendas, caña de azúcar y crecimiento lento
Una vez consolidado el asentamiento, Boconó inició su vida colonial como un importante pueblo de encomienda. Para la segunda mitad del siglo XVII, contaba con una población de más de 400 naturales. Sin embargo, su crecimiento fue lento durante todo el periodo colonial, a diferencia de otras ciudades venezolanas que experimentaron un desarrollo más acelerado.
Los españoles introdujeron distintas especies vegetales y animales que transformaron el paisaje y la economía local. Destacó especialmente el cultivo de la caña de azúcar, junto con algunas leguminosas y el ganado mayor y menor. Gracias al cultivo extenso de la caña, la localidad llegó a ser un importante centro productor de panela y aguardiente. El Trapiche-Museo de Los Clavo es hoy evidencia concreta de ese auge panelero-licorero, un testimonio tangible de la pujanza económica que la caña de azúcar trajo a la región. La producción panelera no solo impulsó la economía local, sino que generó toda una red de comercio que conectaba a Boconó con los mercados de la capital y otras provincias, utilizando arrieros que recorrían los páramos hasta llegar a los puertos de la costa.
La encomienda, como institución, sometió a los indígenas a un régimen de trabajo forzado y evangelización que, aunque efímero en términos demográficos —los Cuicas fueron desplazados hacia finales del siglo XVI—, dejó una impronta profunda en la estructura social y económica de la región. La tierra, que antes era de usufructo colectivo, pasó a ser propiedad de los encomenderos españoles, y con ella, la mano de obra indígena que la trabajaba.
Boconó en la Independencia: el bautizo del Libertador
La Guerra de Independencia de Venezuela trajo consigo momentos decisivos para Boconó. En 1813, en el marco de la Campaña Admirable, el Libertador Simón Bolívar pasó por la población de Boconó. Impresionado por la belleza natural del lugar, lo proclamó como el “Jardín de Venezuela”, título que ha perdurado hasta la actualidad y que define la identidad de la ciudad.
El bautizo bolivariano no fue un mero gesto poético. Convertir a Boconó en “El Jardín de Venezuela” era también una declaración de principios: en medio de una guerra cruenta, el Libertador encontraba en este valle andino un símbolo de fertilidad, esperanza y renovación. La frase, pronunciada el 26 de junio de 1813, quedó grabada en la memoria colectiva y se convirtió en el lema no oficial de la ciudad.
Durante el periodo independentista, Boconó fue testigo de los avatares de la guerra. Su posición estratégica en la ruta entre los Andes y los llanos la convirtió en un punto de paso obligado para las tropas realistas y patriotas. Sin embargo, a diferencia de otras ciudades que sufrieron destrucciones masivas, Boconó logró preservar su núcleo urbano y su actividad económica, aunque no sin sacrificios.
El siglo XIX: capital del cantón y auge del café
Los primeros años luego de la independencia venezolana marcaron un nuevo capítulo en la historia de Boconó. La ciudad fue designada capital del municipio del mismo nombre, una entidad con una población superior a los 10.000 habitantes. Esta condición administrativa le otorgó un rango de importancia regional que antes no había tenido.
El cultivo del café adquirió gran relevancia en esta época, y pronto contribuyó con la dinámica económica e influyó en la expansión territorial y demográfica de Boconó. El café, junto con la caña de azúcar, se convirtió en el motor de una economía que empezaba a diversificarse y a conectarse con los mercados nacionales e internacionales.
En las últimas décadas del siglo XIX, Boconó experimentó un proceso de modernización inicial. Fueron creados el hospital de caridad, algunos colegios y otras edificaciones que transformaron el perfil urbano de la ciudad. La educación y la salud, hasta entonces prácticamente inexistentes en el ámbito rural, comenzaron a formar parte del paisaje institucional de Boconó.
Un hecho destacado de este periodo es la donación de las tierras correspondientes a su encomienda por parte de Doña Ana Ruíz de Segovia, viuda de Juan de Segovia, para que su hijo Pedro de Segovia erigiera a Boconó bajo el patronato de San Alejo. Este acto de generosidad fundacional consolidó el vínculo entre la ciudad y su santo patrono, una relación que perdura hasta nuestros días.
El siglo XX: crecimiento demográfico, auge comercial y desafíos
El siglo XX significó para Boconó una etapa de rápido crecimiento demográfico, notable ampliación espacial y un auge comercial sin precedentes. Factores como la prestación de diversos servicios públicos, la construcción de carreteras, las inmigraciones y el constante aumento del parque automotor determinaron que Boconó se transformara en la ciudad que es hoy día.
La mejora de las vías de comunicación fue particularmente significativa. La construcción de carreteras conectó a Boconó con el resto del estado Trujillo y con otras regiones del país, facilitando el transporte de mercancías y el flujo de personas. Este aislamiento, que durante siglos había sido una barrera para el desarrollo, se convirtió en una oportunidad para la integración económica y cultural.
Sin embargo, el crecimiento no estuvo exento de problemas. Boconó está situada sobre un abanico aluvial con escasa pendiente, razón por la que ha sufrido varias inundaciones a lo largo de la historia. La ocupación de espacios en áreas vulnerables a las crecidas del río Boconó se convirtió en un problema recurrente. En 1981 se produjo una gran crecida del río que dejó sin hogar a centenares de familias. Estos desastres naturales, recurrentes a lo largo del siglo XX, pusieron de manifiesto la fragilidad de un modelo de crecimiento urbano que no siempre consideró los riesgos ambientales.
A pesar de estos desafíos, Boconó consolidó su posición como el segundo municipio más importante del estado Trujillo en términos de población y economía. Su economía, basada en la agricultura, el comercio, la burocracia y el turismo, logró sostenerse y diversificarse a lo largo del siglo.
La economía boconés: tradición agrícola y producción de excelencia
Boconó es, ante todo, una potencia agrícola. El municipio está integrado por 12 parroquias, de las cuales solo dos están ubicadas en la parte urbana, mientras que las otras diez son netamente rurales. Esta condición convierte a Boconó en una región altamente productiva, con una gran diversidad de cultivos que abastecen no solo al estado Trujillo sino a otras regiones del país, incluida la capital caraqueña.
Entre los rubros que se cosechan en sus campos destacan las hortalizas (cebolla, zanahoria, cebollín, cilantro), la papa, el maíz, las leguminosas y los tubérculos. En zonas como Santa Rita, la producción de cebolla es predominante; en Las Mesitas, la fresa es el cultivo estrella debido a las condiciones climáticas de la zona. También se cultivan champiñones, un rubro que ha ganado espacio en los últimos años.
Pero hay un producto que ha puesto a Boconó en el mapa nacional e internacional: el café. Según autoridades locales, “el mejor café de Venezuela se cosecha en Boconó”, tomando como referencia la Feria Internacional del Café, donde Boconó ganó la taza de oro, la taza de bronce, y el quinto y séptimo lugar como el mejor café de Venezuela. Este reconocimiento no es casual: las condiciones climáticas y de altitud de la región, combinadas con técnicas de cultivo tradicionales, producen un café de altura que compite con los mejores del mundo.
La ganadería también juega un papel importante en la economía local. Se crían animales aptos para el consumo humano, y la producción de truchas en algunos cursos de agua ha añadido un componente de acuicultura a la matriz productiva.
En los últimos años, se ha impulsado la creación de un Mercado de Mayoristas en los espacios del antiguo Parque Ferial, con el objetivo de organizar a los productores y dignificar la comercialización de los rubros locales. Este proyecto busca dar un salto cualitativo en la cadena de comercialización, ofreciendo condiciones óptimas para quienes expenden sus hortalizas y otros productos.
Conflictos y desafíos: inundaciones, anarquía urbanística y resistencia
La historia de Boconó no ha sido un camino de rosas. Además de los conflictos fundacionales del siglo XVI, la ciudad ha enfrentado a lo largo de los siglos una serie de desafíos que han puesto a prueba la resiliencia de sus habitantes.
Las inundaciones han sido, quizás, el problema más recurrente. La ubicación de Boconó sobre un abanico aluvial, junto al río homónimo, la hace particularmente vulnerable a las crecidas. La gran crecida de 1981, que dejó sin hogar a centenares de familias, es un recordatorio doloroso de esta vulnerabilidad. Desbordamientos posteriores han seguido afectando a la población, especialmente a aquellos que ocupan espacios en áreas de alto riesgo.
Otro conflicto latente es el de la anarquía urbanística. A pesar de que el Casco Central de Boconó está protegido mediante una ordenanza que delimita una amplia área urbanística, no se prevé el impacto ambiental y no se ve la disposición para actualizar el orden legal y proteger las pocas construcciones centenarias que aún quedan en pie. El crecimiento desordenado, la falta de una nueva Ordenanza de Urbanismo y Construcciones en General, y el irrespeto al patrimonio histórico son problemas que han ido erosionando la calidad de vida y la identidad urbana de la ciudad.
En el plano histórico, los conflictos no han sido solo materiales. La disputa por la fecha fundacional de Boconó —si fue 1560, 1563 o incluso 1627— ha generado debates académicos y políticos que reflejan tensiones más profundas sobre la identidad y el relato histórico de la ciudad. La propuesta de la cronista oficial de celebrar el “asentamiento definitivo” en lugar de la “fundación” es un intento de resolver esta disputa reconociendo la agencia de los pobladores locales frente a las decisiones de la corona española.
La importancia de Boconó: eje cultural y corazón agrícola de Trujillo
Boconó no es solo el segundo municipio más importante del estado Trujillo en términos de población y economía. Es también el eje cultural de la entidad, un centro de irradiación de tradiciones, expresiones artísticas y manifestaciones folclóricas que trascienden sus fronteras. Los periódicos de entonces revelan el dinámico contacto entre pobladores de diferentes regiones, convirtiendo a Boconó en un nodo de intercambio cultural y comercial.
Su importancia agrícola es indiscutible. Como capital turística y agrícola del estado, Boconó abastece de productos frescos a gran parte del país y genera divisas a través de la exportación de café de alta calidad. La diversidad de sus cultivos y la calidad de sus productos la convierten en un referente nacional en materia de producción agropecuaria.
Pero quizás su mayor importancia radica en su capacidad de resistencia. Boconó ha sabido preservar su identidad a lo largo de casi cinco siglos, manteniendo vivas sus tradiciones, su gastronomía y su apego a la tierra. En un mundo cada vez más globalizado, esta fidelidad a las raíces es un valor en sí mismo.
Cultura y tradiciones: el alma del Jardín de Venezuela
La cultura boconés es un mosaico de influencias indígenas, españolas y africanas, tejidas a lo largo de los siglos en un entorno andino de una belleza excepcional. El apodo de “Jardín de Venezuela”, acuñado por Simón Bolívar en 1813, no es solo un cumplido: es una declaración de principios que define la identidad de la ciudad y su relación con el entorno natural.
Las manifestaciones culturales más emblemáticas de Boconó están vinculadas al calendario religioso y a las festividades patronales. La fiesta de los pastores de San Miguel es una de las tradiciones más arraigadas, una celebración sincrética que combina elementos católicos con rituales de origen indígena. La iglesia de Santiago, testigo del crecimiento de un pueblo andino, es el epicentro de estas manifestaciones y un símbolo de la fe que ha acompañado a los boconeses a lo largo de los siglos.
El Ateneo de Boconó es otro espacio fundamental para la vida cultural de la ciudad. Allí se realizan exposiciones, conferencias y actividades que mantienen vivo el debate intelectual y artístico. La literatura, la música y las artes plásticas encuentran en este espacio un lugar de encuentro y difusión.
La Plaza Bolívar de Boconó, patrimonio cultural de Venezuela, es el corazón cívico de la ciudad. La estatua pedestre del Libertador, que sustituyó en 1952 su antiguo busto, preside la plaza y recuerda el paso de Bolívar por estas tierras. Es el lugar donde se concentran las celebraciones patrias y las manifestaciones populares, un espacio de encuentro y de memoria colectiva.
Gastronomía: sabores andinos con identidad propia
La gastronomía de Boconó es otro de sus grandes atractivos. Aquí confluyen los ingredientes de la tierra andina con las recetas heredadas de los abuelos, creando una cocina de sabores intensos y texturas reconfortantes.
El plato más emblemático es el mondongo boconés, una sopa tradicional que combina arroz con maíz y queso, junto a la carne y el caldo. Esta versión del mondongo, con sus ingredientes autóctonos y su preparación cuidadosa, es un símbolo de la identidad culinaria de la región. Se sirve en restaurantes como “El Refugio”, ubicado en la calle principal, y es un imprescindible para quienes visitan la ciudad.
Las arepas de maíz pelao son otro clásico de la cocina boconés. Acompañadas con un “mojito” —una salsa típica— o con queso de mano, son el desayuno o la merienda perfecta para empezar el día. El queso de mano es, de hecho, uno de los productos lácteos más apreciados de la región, y se utiliza en múltiples preparaciones.
La repostería también tiene un lugar destacado. Las empanadas dulces rellenas de manzana y almendras son una delicia que suele encontrarse en los mercados locales, como el Mercado de Artesanos. Las chulas, las malteadas de la paz y otros dulces típicos completan una oferta golosa que conquista a propios y extraños.
La trucha, criada en los cursos de agua de la región, es otro producto estrella de la gastronomía local. Se prepara de diversas maneras —a la plancha, frita, en sopa— y es un plato que refleja la riqueza de los ecosistemas acuáticos de Boconó.
La versión típica de Boconó de ciertos guisos incluye caraotas picantes, a las que se les agrega ají chirere para darles ese toque de picante que caracteriza a la cocina andina.
Atractivos turísticos: naturaleza, historia y paisajes de ensueño
Boconó es un destino turístico por derecho propio. Su entorno natural, su clima privilegiado y su patrimonio histórico la convierten en un lugar ideal para el descanso y la exploración.
El Parque Nacional Guaramacal es uno de los destinos naturales más emblemáticos. Ofrece senderos de media duración que permiten a los visitantes disfrutar de la flora y fauna andina, con paisajes que van desde bosques nublados hasta páramos de alta montaña. Es un lugar perfecto para el senderismo, la observación de aves y el contacto con la naturaleza en estado puro.
La Laguna de Agua Negra y el Parque Nacional Dinira son otros atractivos naturales de primer orden. Estos espacios protegidos albergan una biodiversidad excepcional y ofrecen oportunidades para el ecoturismo y la fotografía de paisajes.
El Ramal de Calderas y la Teta de Niquitao son formaciones geológicas que desafían la imaginación. La Teta de Niquitao, en particular, es un pico emblemático que se yergue en el horizonte y que ha sido objeto de leyendas y mitos locales.
En el ámbito histórico-cultural, el Museo Trapiche de Los Clavo es una parada obligatoria. Este trapiche-museo evidencia el auge panelero-licorero de Boconó en el siglo XIX y ofrece una ventana al pasado productivo de la región. El Ateneo de Boconó, el Santuario de San Alejo y la Plaza Bolívar completan una oferta cultural que combina historia, arte y devoción. El recorrido por el casco histórico, con sus casonas de bahareque y tejas, permite al visitante viajar en el tiempo y comprender la evolución arquitectónica de la ciudad andina.
La Laguna de Los Cedros, a solo unos minutos del centro, es un oasis de tranquilidad rodeado por pinos y cedros. Allí se pueden alquilar botes para recorrer el lago o disfrutar simplemente de una caminata bajo la sombra de los árboles.
Boconó en la actualidad: desafíos y esperanzas de una ciudad andina
En la actualidad, Boconó sigue siendo una ciudad pujante, con una población que supera los 100.000 habitantes según datos de 2015. Su posición como segundo municipio del estado Trujillo en población e importancia económica se ha mantenido, aunque los desafíos son numerosos.
La economía sigue dependiendo en gran medida de la agricultura, con el café como producto estrella y las hortalizas como base de la producción diaria. Sin embargo, la falta de infraestructura adecuada para la comercialización y la competencia de productos importados son problemas que afectan a los productores locales. El proyecto del Mercado de Mayoristas busca precisamente dar una respuesta organizada a estos desafíos.
El turismo ha ganado peso en los últimos años como alternativa económica. La belleza natural de Boconó, su clima privilegiado y su patrimonio histórico-cultural la convierten en un destino atractivo para viajeros nacionales e internacionales. Sin embargo, la falta de una oferta hotelera diversificada y de servicios turísticos de calidad limita su potencial.
Los desafíos urbanísticos siguen siendo una preocupación central. La anarquía en el crecimiento urbano, la falta de una ordenanza de urbanismo actualizada y el irrespeto al patrimonio histórico son problemas que requieren atención urgente. La protección del Casco Central de Boconó, declarado área protegida mediante ordenanza, es una asignatura pendiente que las autoridades locales no han logrado resolver.
En el plano educativo, la Uptt Boconó (Universidad Politécnica Territorial de Boconó) ha celebrado su décimo aniversario, ofreciendo carreras atractivas que permiten a los estudiantes enfrentar la cotidianidad de Venezuela. Esta institución es un faro de esperanza para las nuevas generaciones, que encuentran en la educación superior una vía de desarrollo personal y profesional.
La ciudad ha sabido preservar su espíritu comunitario y su apego a las tradiciones. Las festividades religiosas, las ferias agrícolas y los eventos culturales siguen congregando a multitudes y reforzando el tejido social. En un país convulso, Boconó se mantiene como un remanso de paz y trabajo, fiel a su apodo de “Jardín de Venezuela”.
El cambio climático y la vulnerabilidad ante los desastres naturales son amenazas reales que la ciudad no puede ignorar. Las inundaciones recurrentes del río Boconó exigen políticas de prevención y mitigación que hasta ahora no se han implementado de manera integral. La ocupación de áreas de riesgo y la falta de planificación urbana sostenible son problemas que se arrastran desde décadas atrás y que requieren soluciones estructurales.
A pesar de todo, Boconó sigue en pie. Ha sobrevivido a conquistas, guerras, inundaciones y crisis económicas. Ha sabido reinventarse una y otra vez, manteniendo viva su esencia andina y su orgullo de ser el jardín que el Libertador supo reconocer. Su historia es, en definitiva, la historia de una resistencia: la de un pueblo que, como aquellos encomenderos de 1563, decidió quedarse y echar raíces en el lugar que habían elegido como hogar.
Fuentes Oficiales
- Fundación Empresas Polar — BiblioFEP – Diccionario de Historia de Venezuela
- Archivo General de la Nación (Caracas) — AGN – Archivo General de la Nación de Venezuela
- Parques Nacionales de Venezuela — Parque Nacional Guaramacal
- Gobierno del Estado Trujillo — Sitio web oficial del municipio Boconó
Fuentes Académicas
- Universidad de Los Andes (ULA) — Aproximación etnohistórica a un mito de los Andes venezolanos: Los relatos acerca del Momoy en Boconó, estado Trujillo, Venezuela (2014).
- Universidad Central de Venezuela (UCV) — Estudios sobre la economía colonial en la región de Boconó (publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas).
- Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) — Investigaciones sobre el patrimonio cultural y la identidad regional en los Andes venezolanos.
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A.
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