Juan de Maldonado y Ordóñez: El conquistador que fundó San Cristóbal y forjó los Andes venezolanos

Medallón con la efigie de Juan Maldonado, conquistador español, Pabellón Consistorial, Plaza Mayor de Salamanca (España). CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Medallón con la efigie de Juan Maldonado, conquistador español, Pabellón Consistorial, Plaza Mayor de Salamanca (España). Fuente: Commons. CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Era Lunes Santo de 1561 cuando el capitán Juan de Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, al frente de una hueste de treinta y cinco hombres, tomó posesión del Valle de Santiago en nombre de la Corona española. A orillas del río que bautizó como Tormes —hoy Torbes—, fundó la Villa de San Cristóbal, un asentamiento que con el tiempo se convertiría en la capital del estado Táchira y en uno de los polos urbanos más importantes de la región andina venezolana. Pero la vida de este conquistador abulense fue mucho más que un acta fundacional: fue un hombre de contradicciones, lealtades divididas y una ambición que lo llevó a cruzar el Atlántico con apenas quince años para dejar una huella imborrable en la geografía y la historia de Venezuela.

Orígenes en la vieja Castilla: el Barco de Ávila y la sombra de Salamanca

Juan Maldonado Ordóñez de Villaquirán nació hacia 1525 en El Barco de Ávila, una pequeña localidad de la provincia de Ávila, en la actual comunidad autónoma de Castilla y León. Fue el segundo hijo del matrimonio formado por Rodrigo Maldonado “el Gordo”, III Señor de Linejo y Torrecilla, y la zamorana Beatriz Ordóñez de Villaquirán. Aunque su nacimiento está documentado en tierras abulenses —ratificado en una probanza de servicios realizada por su futuro suegro, Ortún Velásquez—, Maldonado siempre se consideró salmantino. Esta identidad dual no era caprichosa: creció en la casa solar paterna de los Maldonado, ubicada en la calle de los Caldereros (Cal de Caldereros) de Salamanca, y asistía a los oficios religiosos en la iglesia románica parroquial de San Cristóbal, junto a la plaza del mismo nombre. Esa iglesia, precisamente, sería la inspiración para el nombre que décadas después daría a la ciudad fundada en tierras venezolanas.

La infancia de Maldonado transcurrió en un entorno de pequeña nobleza provincial, donde el honor, el linaje y la espada eran moneda corriente. Pero el Nuevo Mundo llamaba con fuerza, y la promesa de fortuna y reconocimiento era un imán irresistible para los segundos hijos de la hidalguía castellana, que veían en las Indias la única vía para labrarse un destino propio.

El salto al Nuevo Mundo: de adolescente a conquistador

Con apenas quince años, Juan de Maldonado tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: embarcarse hacia las Indias. Según su propia declaración, hecha treinta años más tarde, llegó a los dieciocho años a la ciudad de Santa Fe de Bogotá en compañía de Lope Montalvo de Lugo y Solís y del extremeño Juan Rodríguez Suárez. Fue el primero de su familia en pasar a América, y su “feliz ventura” arrastraría más tarde a sus sobrinos, hijos de su primo hermano Juan Maldonado el Galán, a seguir sus pasos.

Los primeros años de Maldonado en el Nuevo Reino de Granada —territorio que hoy comprende Colombia y parte de Venezuela— están marcados por el aprendizaje de las duras leyes de la conquista: la guerra contra los indígenas, las alianzas cambiantes con otros capitanes, la administración de encomiendas y la constante tensión con las autoridades virreinales. Para 1557, ya se encontraba establecido en la ciudad de Pamplona, en el Nuevo Reino de Granada, como capitán y vecino destacado.

La captura de Juan Rodríguez Suárez y el nacimiento de Mérida

Uno de los episodios más decisivos y controvertidos de la carrera de Maldonado ocurrió en el contexto de la fundación de Mérida. En 1555, el Cabildo de Pamplona comisionó a Maldonado, entonces alcalde de la ciudad, para descubrir minas en el territorio de las sierras andinas. Pero la encomienda pronto se transformó en una misión de captura: Juan Rodríguez Suárez, un capitán extremeño, había fundado por su cuenta la ciudad de Mérida sin autorización real, repartido encomiendas que los vecinos pamploneses consideraban suyas y desafiado las instrucciones de la Real Audiencia.

Juan Rodríguez Suárez. Estilo Oleo/tela. Recreación estilo Siglo XVI. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional. Generada con IA y mejorada con Photoshop.
El Capitan Juan Rodríguez Suárez conocido también como el Capitán de la Capa Roja, fundador de Mérida. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Maldonado, que ya había coincidido con Juan Rodríguez Suárez en sus primeros años en Santafé de Bogotá, fue el hombre designado para poner orden. A mediados de febrero de 1559, llegó a Mérida con sesenta hombres para arrestar al rebelde. La captura no fue un simple acto de aplicación de la ley: fue el punto culminante de una rivalidad personal y política que dividiría durante años a los pobladores de la región. Maldonado envió a Juan Rodríguez Suárez preso a Santafé y, acto seguido, unió a los hombres de este a su propia expedición.

Pero la intervención de Maldonado en Mérida no terminó con la captura. En abril o mayo de 1559, decidió cambiar el asentamiento de lugar, trasladándolo a su actual emplazamiento y fusionándolo posteriormente con la población de Santiago de los Caballeros, que él mismo había fundado un año antes al noreste, en dirección a Trujillo. La ciudad pasó a llamarse Santiago de los Caballeros de Mérida, un nombre que reflejaba la mano de Maldonado en su reconfiguración.

La fundación de San Cristóbal: el legado definitivo

En 1561, el Cabildo de Pamplona encomendó a Maldonado una nueva misión: fundar un poblado en el Valle de Santiago, una región estratégica en la cordillera andina que hasta entonces permanecía al margen de la colonización española. Maldonado partió al frente de una hueste de ochenta hombres, atravesó Cúcuta y descubrió los valles de Cania y Quenamari antes de arribar a su destino.

El 31 de marzo de 1561, Lunes Santo, Maldonado fundó oficialmente la Villa de San Cristóbal en la sabana alta, dividida por el río Torbes al norte y alinderada al sur por la quebrada La Bermeja —el sitio donde hoy se encuentra la Catedral de San Cristóbal. El nombre de la ciudad no fue casual: era un homenaje a la iglesia parroquial de San Cristóbal de Salamanca, donde había rezado en su infancia. El río que atravesaba el valle fue bautizado como Tormes, en recuerdo del río que cruza Salamanca; con el tiempo, la pronunciación derivó en Torbes, el nombre con el que se conoce hoy.

El asentamiento estaba ubicado en un lugar estratégico que permitía la defensa contra ataques indígenas por sus cuatro puntos cardinales. Maldonado no eligió el emplazamiento al azar: como muchos fundadores del siglo XVI, combinó criterios militares, económicos y simbólicos para asegurar la viabilidad de la nueva población.

La fundación de San Cristóbal, sin embargo, no estuvo exenta de tensiones. Maldonado había causado malestar al Cabildo de Pamplona por decisiones previas, y la nueva ciudad pronto se vio envuelta en disputas jurisdiccionales con Mérida y con la propia Pamplona. A pesar de ello, la Villa de San Cristóbal logró consolidarse y, con el tiempo, se convertiría en la capital del estado Táchira.

El sello personal de un conquistador: memoria y símbolos

Más allá de sus empresas militares y fundacionales, Maldonado dejó en América huellas de su identidad castellana. Un detalle revelador es la marca que eligió para sus reses y ganados: dos letras “C” entrelazadas, que registró en el Cabildo de la ciudad de Pamplona. Esta marca no era un capricho: le recordaba la calle de la casa paterna en Salamanca, la Cal de Caldereros. En un mundo donde la identidad y el linaje lo eran todo, Maldonado llevaba consigo, incluso en el hierro de sus animales, el recuerdo de su origen.

Otro gesto cargado de simbolismo fue la elección del nombre de la ciudad que fundó. San Cristóbal no era solo el santo de la iglesia de su infancia; era también el nombre de la parroquia junto a la que había crecido, en la cuesta de Sancti Spiritus, cerca de la plaza del mismo nombre en Salamanca. La ciudad venezolana, en cierto modo, era una prolongación de su memoria salmantina.

Últimos años: el regreso a Pamplona y la muerte

Tras la fundación de San Cristóbal, Maldonado continuó activo en la administración colonial. Se sabe que regresó a su ciudad de Santiago, donde estuvo ocupado en pacificar y conquistar la tierra durante el resto de 1559 y parte de 1560. Su figura, sin embargo, quedó asociada a las controversias y rivalidades que marcaron el poblamiento de los Andes venezolanos.

Juan de Maldonado y Ordóñez de Villaquirán falleció en 1572 en la ciudad de Nueva Pamplona del Nuevo Reino de Granada —actual Pamplona, Colombia—, ejerciendo como alcalde. Algunas fuentes señalan 1575 como año de su muerte, pero el consenso académico sitúa su fallecimiento en 1572. Según su última voluntad, dejó disposiciones que revelan a un hombre consciente de su lugar en la historia, aunque su legado quedaría, durante siglos, a la sombra de otros conquistadores más célebres.

El peso de un legado: memoria y olvido en la historiografía venezolana

La figura de Juan de Maldonado ha sido tratada de manera desigual por la historiografía. Mientras algunos cronistas coloniales, como José de Oviedo y Baños en su Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela (1723), le dedicaron pasajes destacados, otros lo han reducido a un mero nombre en el acta fundacional de San Cristóbal. Su papel en la reconfiguración de Mérida y su conflicto con Juan Rodríguez Suárez han sido objeto de reinterpretaciones que oscilan entre la condena moral y la reivindicación del “aplicado de la clase” frente al “romántico rebelde”.

Lo cierto es que Maldonado fue un hombre de su tiempo: un conquistador que combinaba la piedad religiosa con la dureza militar, la lealtad a la Corona con la ambición personal, y el apego a sus raíces castellanas con la necesidad de adaptarse a un mundo nuevo y hostil. Su legado no se limita a las ciudades que fundó o a las batallas que libró; está también en la toponimia, en las marcas de ganado, en los nombres de ríos y en la memoria viva de una región que, sin él, habría tenido un destino muy distinto.

Hoy, San Cristóbal conmemora cada 31 de marzo el aniversario de su fundación, y una plaza en el corazón de la ciudad lleva su nombre. Pero la verdadera medida de su legado está en las calles que recorren los tachirenses, en el río que divide la ciudad y en la identidad de una región que, desde 1856, es la provincia del Táchira. Juan de Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, el adolescente que cruzó el Atlántico con quince años, el capitán que arrestó a un rebelde y fundó una ciudad en Lunes Santo, sigue siendo, quinientos años después, una figura central en la historia de los Andes venezolanos.

Fuentes Oficiales

  • Oviedo y Baños, José de: Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela (Madrid, 1723)
  • Aguado, Pedro de: Recopilación Historial de Venezuela (Caracas, Academia Nacional de Historia, 1963)
  • Vázquez de Espinosa, Antonio: Compendio y descripción de las Indias Occidentales (Madrid, Atlas, 1969)
  • Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-14-3. Depósito Legal: lf 53220059002280.

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

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