La expedición del Orinoco de Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio (1499)

Recreación de un Buque español en el Lago de Maracaibo (Siglo XV). Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Buque español en el Lago de Maracaibo, Siglo XV. (Recreación). Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

En la primavera de 1499, tres hombres de orígenes y oficios muy distintos zarparon del Puerto de Santa María con un propósito común: desentrañar los secretos de las tierras que Cristóbal Colón había divisado en su tercer viaje. Alonso de Ojeda, el audaz extremeño curtido en las guerras de Granada y en las refriegas de La Española; Juan de la Cosa, el cartógrafo vizcaíno que había sido maestre de la Santa María en el viaje inaugural; y Américo Vespucio, el florentino que ejercía como factor de la Casa de Contratación en Sevilla. Lo que hallarían en la desembocadura del Orinoco y en las costas que se extienden hacia el poniente no solo transformaría la cartografía de su tiempo, sino que daría nombre a una tierra que aún hoy lleva la huella de aquel viaje.

Los precedentes de una empresa: del tercer viaje de Colón a la licencia de Ojeda

Cuando Cristóbal Colón retornó a España en 1498 tras tocar la península de Paria y contemplar las aguas dulces del Orinoco, la noticia de que existía una «tierra firme» al sur de las Antillas encendió la codicia de cuantos buscaban fortuna y fama en las Indias. El Almirante había descrito aquella costa como un paraíso terrenal, pero su informe, guardado celosamente por los Reyes Católicos, no tardó en filtrarse entre los círculos cortesanos.

Fue el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, protector de Ojeda y hombre de gran influencia en la Casa de Contratación, quien facilitó al extremeño el acceso a los mapas y derroteros del tercer viaje colombino. El 18 de mayo de 1499, con la licencia real en su poder y cuatro carabelas preparadas, Ojeda puso proa al sur, seguido por la ruta que Colón había trazado pero con la intención de ir más lejos, de bordear el ecuador y de encontrar el paso hacia el oro que, se decía, aguardaba en el interior del continente.

Los hombres y sus oficios: el piloto, el cartógrafo y el factor

La elección de los compañeros de viaje no fue casual. Juan de la Cosa, que había participado en los dos primeros viajes de Colón y conocía las aguas del Caribe como pocos, fue nombrado piloto mayor de la flotilla, un cargo que Ojeda prefirió concederle por encima del propio Vespucio. De la Cosa no solo dominaba el arte de la navegación; poseía además el don de plasmar sobre el pergamino los contornos de lo descubierto, cualidad que lo convertiría en el cronista gráfico de la expedición.

Américo Vespucio, por su parte, no era navegante profesional sino un hombre de negocios formado en la Florencia de los Médici, avecindado en Sevilla desde 1492. Su función en la expedición parece haber sido la de factor y cronista: llevar las cuentas, administrar los intercambios con los indígenas y, quizá lo más importante, redactar el relato de lo visto. Sería precisamente ese relato, difundido por Europa en los años siguientes, el que acabaría dando su nombre a todo un continente.

La travesía atlántica y el primer contacto con Tierra Firme

La escuadra de Ojeda, compuesta por cuatro carabelas, se hizo a la mar entre el 18 de mayo de 1499. Tras bordear la costa africana y hacer escala en las Canarias, los expedicionarios se adentraron en el Atlántico siguiendo la ruta del tercer viaje de Colón, pero con un rumbo más meridional. Veinticuatro días después de dejar las islas, avistaron tierra: no era la isla de Trinidad que había encontrado el Almirante, sino un litoral continuo, una masa firme que se extendía sin fin hacia el sur.

La desembocadura del Orinoco y el golfo de Paria

El primer gran hallazgo geográfico fue la desembocadura de un río tan caudaloso que sus aguas dulces se distinguían a varias leguas de la costa. Los expedicionarios identificaron dos grandes corrientes fluviales: una que denominaron río Dulce —el actual Esequibo— y otra, mucho más ancha y poderosa, que era el Orinoco. La inmensidad de aquel delta, con sus múltiples brazos y sus selvas impenetrables, debió de causar en aquellos hombres una mezcla de asombro y desconcierto.

Navegando hacia el norte, la flotilla rodeó la isla de Trinidad y penetró en el golfo de Paria por la Boca de la Serpiente, el mismo estrecho que Colón había cruzado el año anterior. Allí, en las aguas protegidas del golfo, los indígenas de la península de Paria recibieron a los españoles con una hospitalidad que contrastaba con la hostilidad que encontrarían más adelante. Fue en este punto donde Ojeda, siguiendo los pasos del Almirante, tomó posesión de aquellas tierras en nombre de la Corona de Castilla.

El recorrido de la costa venezolana: de Margarita al golfo de Coquivacoa

Tras salir del golfo de Paria por la Boca del Drago, la expedición emprendió el reconocimiento sistemático del litoral que se extendía hacia el oeste. La isla de Margarita, con sus ricos bancos de perlas, fue el siguiente hito. Desde allí, las carabelas costearon la tierra firme, explorando ensenadas y desembocaduras, entablando trueques con los indígenas cuando estos se mostraban pacíficos y defendiéndose con las armas cuando la resistencia era hostil.

El Puerto Flechado y la isla de Los Gigantes

En las proximidades de la actual Chichiriviche, los nativos recibieron a los castellanos con una lluvia de flechas, lo que llevó a Ojeda a bautizar aquel fondeadero como Puerto Flechado. El incidente fue un presagio de lo que estaba por venir: la costa no era un territorio vacío, sino un mosaico de pueblos con lenguas y costumbres diversas, algunos de los cuales veían a los forasteros con desconfianza.

Alonso de Ojeda imagen realizada en estilo sepia. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Alonso de Ojeda lidero las expediciones de 1499 y 1502, explorando todas las costas venezolanas desde el rio Esequibo hasta el lago de Maracaibo. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Más al oeste, al doblar el cabo de San Román el 9 de agosto de 1499, los expedicionarios avistaron la península de Paraguaná y, más allá, una amplia ensenada que Ojeda denominó golfo de Coquivacoa. En una de las islas próximas, quizá Curazao, creyeron ver hombres de estatura descomunal, por lo que la llamaron isla de Los Gigantes.

El nombre de Venezuela: los palafitos del lago de Maracaibo

El momento culminante del viaje, desde la perspectiva del futuro topónimo, ocurrió cuando las carabelas penetraron en el fondo del golfo y descubrieron un extenso cuerpo de agua rodeado de tierras bajas: el lago de Maracaibo. Allí, sobre las aguas tranquilas, se alzaban viviendas palafíticas construidas con maderas y palmas, sostenidas sobre estacas hincadas en el fondo del lago.

El espectáculo de aquellas «casas sobre el agua» recordó a los italianos entre la tripulación, y muy probablemente al propio Vespucio, las ciudades lacustres de la región de Venecia. Fue así como aquel paraje recibió el nombre de «Venezuela», esto es, «Pequeña Venecia». El nombre, que en un principio designaba solo aquella porción del lago, acabaría extendiéndose a toda la provincia y, con el tiempo, a la nación entera.

El cabo de la Vela y el regreso a La Española

La expedición prosiguió su camino hacia el oeste, bordeando la península de la Guajira hasta alcanzar el Cabo de la Vela, el punto más septentrional de la costa sudamericana. Desde allí, con la sentina cargada de perlas, oro y esclavos, Ojeda decidió poner rumbo a La Española, donde arribó el 5 de septiembre de 1499. El encuentro con los colonos de la isla, sin embargo, no fue pacífico: Ojeda fue apresado por orden de Francisco de Bobadilla, el gobernador que había sustituido a Colón, y solo la intervención de sus socios logró liberarlo.

El legado cartográfico: el mapamundi de Juan de la Cosa (1500)

De regreso a España, Juan de la Cosa se encerró en su taller del puerto de Santa María para componer la obra que lo inmortalizaría: un mapamundi trazado sobre piel de buey, fechado en 1500, que recogía todos los descubrimientos conocidos hasta entonces. Aquella carta, la primera en la que aparece representado el continente americano, incluía con asombrosa precisión el golfo de Venezuela y, en la entrada del lago de Maracaibo, la palabra «Venezuela».

El mapamundi de Juan de la Cosa no era solo un instrumento náutico: era una declaración de soberanía sobre unas tierras que España reclamaba como propias frente a las pretensiones de Portugal. Hoy, conservado en el Museo Naval de Madrid, sigue siendo el testimonio más antiguo del nombre de Venezuela y la prueba fehaciente de que aquella expedición de 1499 había trazado, para siempre, los contornos de una nueva geografía.

El peso de un viaje fundacional

La expedición de Ojeda, De la Cosa y Vespucio no fue ni la más numerosa ni la más violenta de las que surcaron el Caribe en los años posteriores al primer viaje de Colón. Pero su importancia para la historia de Venezuela es difícil de exagerar. Fue ella la que recorrió por primera vez de forma sistemática el litoral que hoy va desde el delta del Orinoco hasta el cabo de la Vela. Fue ella la que dio nombre a la tierra, la que cartografió sus accidentes y la que abrió la puerta a las empresas de conquista y colonización que seguirían en las décadas venideras.

Y fue también, en el plano de las ideas, la que sembró la duda sobre si aquellas tierras eran realmente las Indias orientales o algo distinto, algo que Américo Vespucio, en sus cartas, no dudaría en llamar «un nuevo mundo». El nombre que hoy lleva el continente entero es, en última instancia, el eco de aquel viaje de 1499.

Fuentes Oficiales

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Content is protected !!
Verificado por MonsterInsights