El sol del oriente venezolano se filtra entre las montañas del macizo oriental y dibuja sombras alargadas sobre un valle que, desde tiempos inmemoriales, ha sido cuna de civilizaciones, escenario de batallas y testigo del paso de imperios. En el corazón del actual municipio Montes del estado Sucre se alza Cumanacoa, una población cuya historia se remonta a los pueblos originarios que habitaron sus tierras mucho antes de la llegada de los conquistadores europeos. Conocida como “la sultana del valle dulce del oriente venezolano”, esta localidad conserva en sus calles el eco de un pasado complejo, marcado por intentos fallidos de colonización, conflictos sangrientos y una riqueza agrícola que la convirtió en pieza clave de la economía colonial.
El topónimo “Cumanacoa” proviene de las lenguas indígenas de la región y significa, según el historiador Bartolomé Tavera Acosta, “lugar o sitio donde abundan los frijoles”. La etimología refleja la fertilidad de un valle que los pueblos originarios ya cultivaban con esmero antes de la irrupción europea.
Los Primeros Habitantes del Valle de Cumanacoa

Antes de que los europeos pusieran un pie en el valle del río Manzanares, estas tierras estaban habitadas por comunidades indígenas que formaban parte del complejo cultural cumanagoto. El territorio era asiento de las tribus coacas, aunque también lo compartían grupos chaimas y otras etnias de filiación caribe y arawaca, como los palenques, los capacuares y los topocuares.
Estos pueblos originarios practicaban una agricultura de conuco que incluía el cultivo de tabaco, maíz, yuca y añil, junto a frutos como cambures, anones, aguacates y guayabas. La pesca fluvial —donde abundaban la guaraguara y el camacuto— y la caza menor complementaban su dieta. Sus tradiciones incluían bailes colectivos de carácter religioso, acompañados de tambores, cantos en coplas llamadas “empolean” y el consumo de bebidas fermentadas elaboradas a partir de frutos locales, como la chicha de maíz.
La organización social de estos grupos se articulaba en torno a caciques y chamanes que ejercían autoridad sobre territorios claramente delimitados. Su cosmovisión vinculaba los ciclos agrícolas con rituales dedicados al sol y la luna, y valoraban a la rana como deidad de las aguas, un animal totémico estrechamente ligado a la fertilidad del valle.
La Fundación del Palenque de Cumanacoa: Entre el Intento y el Fracaso
La historia de la fundación de Cumanacoa es, en palabras de los propios cronistas coloniales, “bastante confusa”. No fue un acto único y definitivo, sino un proceso accidentado jalonado por intentos fallidos, refundaciones y una tenaz resistencia indígena que se extendió por décadas.
Pedro García Camacho y el Primer Intento Fundacional (1578)
La historiografía venezolana, recogiendo el consenso académico establecido en obras como la Historia Global de Venezuela coordinada por Elías Pino Iturrieta, sitúa en 1578 el año de la primera fundación del Palenque de Cumanacoa, materializada por el capitán Pedro García Camacho. Este primer asentamiento respondía a una orden del gobernador de la Provincia de Nueva Andalucía y Paria, en un contexto de expansión colonial que buscaba asegurar el control territorial del oriente venezolano y explotar sus riquezas agrícolas.
Esta fundación inicial, sin embargo, no prosperó. Los enfrentamientos con los pueblos indígenas de la comarca —quienes veían en los colonos una amenaza directa a su modo de vida y a sus tierras— acabaron con los vestigios de los primeros pobladores y misioneros. La historiografía coincide en señalar que este primer intento “no tuvo mucha vida”, víctima de la tenaz resistencia de los cumanagotos y grupos aliados.
El propio Pino Iturrieta, en su condición de coordinador de la Historia Global de Venezuela, enmarca este episodio dentro de un ciclo más amplio de fundaciones frustradas que caracterizó la conquista del oriente venezolano durante el siglo XVI, donde los proyectos coloniales se veían constantemente revertidos por la hostilidad del entorno y la capacidad de respuesta de las sociedades indígenas.
El Ciclo de Intentos Fallidos: 1636-1643
Tras el fracaso de García Camacho, el valle de Cumanacoa permaneció como un territorio en disputa. El 6 de diciembre de 1636, el gobernador Benito Arias Montano capituló con el capitán Juan Rengel de Serpa la fundación de una ciudad en el valle. En febrero de 1637, Rengel abrió caminos y hacia el 25 de abril de ese mismo año se estableció una nueva colonia. Poco después, el 11 de mayo, la colonia sufrió un ataque indígena recordado como “el Agravio del día de San Mamerto”, que causó la pérdida de numerosos colonos y misioneros.
En 1639, el conquistador catalán Juan de Urpín —también conocido como Joan Orpí— incorporó Cumanacoa al territorio de su efímera Gobernación de Nueva Barcelona y obtuvo autorización para fundar allí una colonia. El 18 de febrero de 1643, después de desalojar a las autoridades cumanesas, Urpín materializó una nueva fundación bajo el nombre de Santa María de Cumanacoa. Sin embargo, esta colonia corrió la misma suerte que las anteriores: la tribu cumanagoto la tomó y la hizo desaparecer sin dejar rastro.
La persistencia de estos intentos fundacionales evidencia la importancia estratégica que el valle de Cumanacoa tenía para la Corona española. Su fertilidad, su posición como encrucijada de caminos hacia Cumaná y el control de las rutas comerciales lo convertían en un enclave codiciado. Pero también revela la capacidad de resistencia de los pueblos originarios, que durante décadas lograron revertir los proyectos coloniales mediante ataques coordinados y el conocimiento profundo del terreno.
San Baltasar de los Arias: La Fundación Definitiva (1705)
No fue sino hasta 1705 cuando Cumanacoa conoció una fundación estable. Ese año, por mandato del rey Felipe V, el capitán Pedro Antonio Arias y González Manso —gobernador de la Provincia de Cumaná— fundó oficialmente el asentamiento de San Baltazar de los Arias, nombre que honraba a su propio santo patrono. La administración de Arias y González Manso sentó las bases para el crecimiento de Cumanacoa como un importante centro agrícola y comercial del oriente venezolano durante el período colonial.
La fundación definitiva se inscribe en un contexto de reorganización administrativa y pacificación relativa del territorio, tras décadas de conflictos. El nuevo asentamiento recibió el estatus de pueblo de indios y doctrina, lo que implicó la concentración de la población indígena en reducciones y la consolidación del poder colonial sobre el valle.
La Economía Colonial: Tabaco, Añil y Trapiches
Durante el período colonial, el valle de Cumanacoa se convirtió en uno de los centros productivos más importantes de la provincia de Cumaná. Su economía se articuló en torno a tres ejes fundamentales: el tabaco, el añil y la caña de azúcar.
El tabaco fue el cultivo más relevante. El naturalista alemán Alexander von Humboldt, quien visitó Cumanacoa en septiembre de 1799, dejó constancia de que el valle producía “el tabaco más aromático de la América española”, después del de Cuba y el del Río Negro. Su cultivo estaba sujeto al monopolio real y su calidad era reconocida en los mercados europeos.
El añil fue el segundo cultivo en importancia. Humboldt señala que las añilerías de Cumanacoa, San Fernando y Arenas producían un tinte “aún más estimado en el comercio que el de Caracas”, y que a menudo se acercaba en esplendor y riqueza de color al añil de Guatemala. Las instalaciones para el procesamiento del añil —con sus tanques de fermentación, molinos de agua y secaderos— constituían un paisaje industrial característico del valle a finales del siglo XVIII.
La caña de azúcar, por su parte, sustentaba la economía de los trapiches locales. Un estudio sobre las élites económicas de Cumanacoa en el período colonial revela que quienes ocupaban la cúspide social y económica eran personas que contaban entre sus bienes un trapiche, entre 3 y 9 fanegas de tierra, cuadros de caña, animales de carga y ganado. Solo 37 personas tenían titularidad de tierras en la ciudad, y de ellas, 13 eran dueños de trapiches. Entre estos propietarios figuraban personajes públicos como el teniente gobernador Juan Lorenzo de Araujo y el alcalde ordinario Pablo José de Betancurt.
La riqueza generada por estos cultivos no se distribuía equitativamente. La mayor parte de la población se ocupaba en tareas agrícolas como labradores o jornaleros, y el nivel económico general de los habitantes de Cumanacoa puede considerarse “bastante mediocre”, en contraste con la opulencia de unos pocos propietarios que controlaban la tierra y los medios de producción.
Conflictos y Resistencia en el Valle
La historia de Cumanacoa es, en gran medida, una historia de conflictos. El valle fue escenario de intensos enfrentamientos bidireccionales entre colonos europeos y pueblos indígenas, en una dinámica que se prolongó durante más de un siglo. La documentación colonial —desde las crónicas de fray Matías Ruiz Blanco hasta los informes de gobernadores y obispos— da cuenta de la persistencia de la resistencia indígena frente al avance colonial.

El “Agravio del día de San Mamerto”, ocurrido el 11 de mayo de 1637, se convirtió en un símbolo de esta resistencia. Aquel día, los indígenas atacaron la colonia recién fundada por Rengel de Serpa, causando numerosas bajas entre colonos y misioneros. Este episodio, junto con la destrucción de Santa María de Cumanacoa en 1643, demuestra que los cumanagotos y sus aliados no fueron actores pasivos de la colonización, sino sujetos con agencia política y capacidad militar para desafiar el poder imperial.
A mediados del siglo XVII, la situación se complicó aún más con la disputa entre las provincias de Nueva Andalucía y Nueva Barcelona por el control del valle. El asedio al Valle de Cumanacoa, un conflicto que duró aproximadamente dos años, terminó por restablecer el orden y la recuperación de las tierras por parte del Imperio Español, pero dejó una profunda huella en la memoria colectiva de la región.
Durante la Guerra de Independencia, Cumanacoa volvió a ser escenario de conflicto. A partir de 1813, los patriotas se instalaron en el valle y Cumanacoa sirvió como granero de los ejércitos republicanos, aprovechando su fertilidad para abastecer a las tropas que luchaban por la emancipación. Desde entonces, el valle mantuvo viva la antorcha de la libertad, como señalan las crónicas locales.
Cultura y Tradiciones: El Legado Cumanagoto y la Identidad Cumanacoense
La cultura de Cumanacoa es un crisol donde se funden las tradiciones ancestrales de los pueblos cumanagotos con el legado colonial español y las influencias africanas que llegaron con la esclavitud. Esta síntesis cultural se manifiesta en la música, la danza, la artesanía y, de manera especial, en la figura de Cruz Alejandro Quinal, el lutier que creó el bandolín morocho, instrumento autóctono de Cumanacoa reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación.
El bandolín morocho, con su sonido inconfundible, se ha convertido en el símbolo musical de la región. En honor a su creador, funciona en el poblado de San Lorenzo el Museo Cruz Quinal, un espacio que exhibe los instrumentos diseñados por este artesano y difunde su vida y obra. La escultura de un bandolín morocho, inaugurada en un bulevar local, rinde homenaje a este legado que fusiona arte y cultura autóctona.
Las fiestas patronales en honor a San Baltasar de los Arias constituyen otro pilar de la identidad cumanacoense. El espíritu festivo de los habitantes del valle se expresa en actividades como las gincanas de carros, la fiesta de reyes, los coleos —realizados desde 1975— y espectaculares fuegos artificiales que iluminan el cielo del valle cada año.
La tradición oral cumanagota, transmitida de generación en generación, mantiene viva la memoria de los primeros habitantes del valle. Los relatos sobre caciques, chamanes y espíritus de la naturaleza —como la rana, deidad de las aguas— siguen presentes en la cosmovisión de algunas comunidades indígenas que hoy se reconocen como herederas de aquel legado ancestral. En la actualidad, se estima que la población cumanagota ronda los 50.000 individuos, muchos de los cuales mantienen sus tradiciones y costumbres a pesar de la integración al modelo de sociedad occidental.
Gastronomía: Sabores del Valle Dulce
La gastronomía de Cumanacoa es un reflejo directo de su historia y su geografía. Los productos de la tierra —el maíz, la yuca, el cambur, la caña de azúcar— se transforman en platos que han alimentado a generaciones de cumanacoenses y que hoy constituyen un atractivo turístico de primer orden.
Entre las preparaciones emblemáticas destacan el casabe y las naiboas, tortas de yuca y maíz que se cocinan al fogón y que acompañan prácticamente cualquier comida. Las arepas de cambur y las arepas de maíz pilado son otro pilar de la dieta local. El guarapo de caña, bebida fermentada de caña de azúcar, y el melao de cañas endulzan las mesas del valle, mientras que el chinguirito —bebida refrescante a base de frutas— sacia la sed en los días calurosos.
El sancocho de pescado guaraguara, preparado con el pescado de río que abunda en las aguas del Manzanares, es uno de los platos más representativos de la región. La tilapia, cultivada en los numerosos cuerpos de agua del valle, también ocupa un lugar central en la cocina cumanacoense. Los buñuelos de yuca con melao de caña y el alfandoque —dulce tradicional de papelón y maní— completan la oferta gastronómica.
El gofio de Cumanacoa, harina de maíz tostado que se consume con papelón o como bebida, es otro de los productos que identifican a la región dentro de la gastronomía del estado Sucre. Las cuajadas orientales y los dulces a base de frutas locales —piñas, cocos, mangos y mereyes— endulzan la dieta diaria y se venden en los mercados locales.
Importancia Histórica y Patrimonial de Cumanacoa
A lo largo de su historia, Cumanacoa ha desempeñado un papel estratégico en la configuración del oriente venezolano. Fue ruta comercial clave durante la colonia, conectando el valle con Cumaná y el resto de la provincia. Su fertilidad la convirtió en un centro de producción agrícola que abastecía los mercados locales y contribuía al comercio exterior a través del puerto de Cumaná.
Durante la Guerra de Independencia, el valle sirvió como granero de los patriotas y, a partir del siglo XIX, se convirtió en el centro del cultivo de la caña de azúcar de oriente. La construcción de la carretera Cumaná-Cumanacoa, impulsada por la creciente importancia demográfica y económica de la región, fue un hito en su integración al resto del país.
En la actualidad, Cumanacoa es reconocida como la tercera ciudad más importante del estado Sucre, después de Cumaná y Carúpano. Su centro histórico alberga bienes de interés cultural declarados por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), entre los que destacan la Iglesia San Baltasar de los Arias, la antigua Casa Real del Estanco del Tabaco, el trapiche de la hacienda La Rinconada y el Cine Gardel. La iglesia, inaugurada en 1774 y declarada Monumento Histórico Nacional en 1960, es un testimonio vivo de la arquitectura colonial religiosa del oriente venezolano.
Cumanacoa en la Actualidad: Entre la Tradición y la Modernidad
Hoy, Cumanacoa enfrenta los desafíos propios de una región que busca equilibrar su rico legado histórico con las demandas de un mundo globalizado. Su economía sigue basándose en la agricultura, con especial énfasis en la producción de caña de azúcar, café y hortalizas. El Central Azucarero de Cumanacoa, aunque ha enfrentado periodos de inactividad, continúa siendo una pieza clave en la economía local, con comunas que procesan más de 200 toneladas mensuales de caña y producen miles de kilos de papelón y miel de caña.
La Comuna Las Cinco Fortalezas de la Revolución Bolivariana, ubicada en la parroquia Cumanacoa, se ha convertido en un ejemplo de organización comunitaria para la producción de papelón y derivados de la caña. Los comuneros trabajan con una cifra superior a 200 toneladas mensuales de caña de azúcar y producen alrededor de 12.000 kilos de papelón al mes, que se distribuyen en los mercados locales.
Sin embargo, la región también enfrenta dificultades. Los cañicultores del estado Sucre han denunciado en diversas oportunidades que sus tierras permanecen inactivas por problemas estructurales, lo que ha afectado la economía local. La reactivación del Central Azucarero, con solo un 15% de sus 4.000 hectáreas operativas, representa un desafío pendiente para la región.
En el ámbito cultural, Cumanacoa mantiene vivas sus tradiciones. El Museo Cruz Quinal, reabierto en 2025, honra la memoria del “rey del bandolín” y difunde el legado de la luthería tradicional. Las fiestas patronales en honor a San Baltasar de los Arias continúan congregando a propios y visitantes, y la música del bandolín morocho sigue sonando en las calles del valle.
Atractivos Turísticos: Naturaleza, Historia y Cultura en un Solo Valle
Cumanacoa ofrece a sus visitantes una combinación única de atractivos naturales, históricos y culturales que la convierten en un destino imperdible del oriente venezolano.
El balneario Los Dos Ríos, ubicado en la confluencia de los ríos Manzanares y Cariaco, es uno de los espacios naturales más visitados. Con sus aguas cristalinas, un puente de hierro que atraviesa el río y churuatas con mesas y bancos de cemento para disfrutar de un día de campo, este balneario es el lugar ideal para el esparcimiento familiar. El balneario La Fragua es otro de los destinos acuáticos que ofrece el municipio.
El cerro Turimiquire, que se alza majestuoso sobre el valle, ha sido desde tiempos remotos objeto de admiración por su formación geológica y su vegetación exuberante. En sus faldas nace el río Manzanares, que recorre el valle en dirección sur-norte hacia Cumaná. La serranía que lo rodea alberga una rica biodiversidad, con árboles de gran altura y bellísimas orquídeas.
El poblado de Cocollar, con su clima fresco y eterna neblina, ofrece un contraste refrescante con el calor del valle. Sus calles empedradas y su arquitectura tradicional lo convierten en un destino atractivo para el turismo de montaña. El pintoresco pueblo de San Lorenzo alberga el Museo Cruz Quinal y es otro de los puntos de interés del municipio.
En el ámbito patrimonial, la Iglesia San Baltasar de los Arias —frente a la Plaza Bolívar— es el principal monumento histórico de Cumanacoa. Su construcción, iniciada en 1769 y culminada parcialmente en 1798, testimonia la arquitectura religiosa colonial de la región. La antigua Casa Real y el trapiche de la hacienda La Rinconada completan el circuito histórico, junto con el Cine Gardel, un ícono de la vida cultural cumanacoense del siglo XX.
Para quienes buscan experiencias de aventura, el caserío La Loma y el sector de Las Trincheras ofrecen rutas de senderismo que permiten apreciar la belleza natural del valle desde lo alto. La hospitalidad de sus habitantes y la riqueza de su gastronomía —con platos como el sancocho de guaraguara, el casabe y las arepas de cambur— completan una experiencia turística integral.
La ruta gastronómica de Cumanacoa, impulsada por comunas y emprendedores locales, permite a los visitantes degustar la auténtica cocina del valle, desde el fogón de la señora María Quijada —donde se preparan el casabe y las naiboas— hasta los puestos de comida en vara y cachapas que se han popularizado en los últimos años. La música, la historia y la cultura se fusionan en cada plato, ofreciendo una experiencia enriquecedora para los sentidos.
El valle de Cumanacoa, con su rica historia, su patrimonio cultural y su belleza natural, sigue siendo un testimonio vivo de la resistencia y la creatividad de un pueblo que ha sabido mantener su identidad a lo largo de los siglos. Desde los primeros habitantes cumanagotos hasta los cumanacoenses de hoy, este rincón del oriente venezolano guarda en sus entrañas la memoria de una tierra que, como su nombre lo indica, ha sido siempre un lugar de abundancia.
Fuentes Oficiales
- Corporación de Turismo del Estado Sucre — Fundación de Cumanacoa
- Notitarde — Patrimonio Cultural de Venezuela: Cumanacoa, municipio Montes, estado Sucre
- Ciudad Valencia — Cumanacoa, municipio Montes del estado Sucre
- Dialnet — Resumen de Carretera Cumaná-Cumanacoa: sus antecedentes, construcción e impacto
- Chronica Nova (Universidad de Granada) — Cumanacoa: posición social y económica en el período colonial
- Internet Archive — Alejandro de Humboldt, Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A.
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