Tratado de Alcaçovas 1479: el año que Portugal y Castilla se repartieron el océano a espada

Ratificación por Isabel I de Castilla de las pazes firmadas con Portugal ( Tratado de Alcaçovas ) para poner fin a la Guerra de Sucesión Castellana . Firmada en Trujillo el 27 de septiembre de 1479. Conservada en el Archivo General de Simancas (España).
Ratificación por Isabel I de Castilla de las pazes firmadas con Portugal ( Tratado de Alcaçovas ) para poner fin a la Guerra de Sucesión Castellana . Firmada en Trujillo el 27 de septiembre de 1479. Conservada en el Archivo General de Simancas (España).

El 4 de septiembre de 1479, en la modesta villa alentejana de Alcaçovas, dos coronas ibéricas cerraron a tinta y pergamino lo que durante cinco años se había dirimido con sangre en los campos de Castilla y en las aguas del Atlántico. El Tratado de Alcaçovas no fue un simple acuerdo de paz: fue el primer gran reparto del océano en la historia de la humanidad, un parteaguas geopolítico que trazó con fría precisión las fronteras invisibles de un mundo que aún no se sabía entero. La espada que había decidido la Guerra de Sucesión Castellana cedió el paso a la pluma, y el resultado selló el destino de dos imperios para las décadas venideras.

La Guerra de Sucesión Castellana: el conflicto que lo originó

La muerte de Enrique IV de Castilla en 1474 abrió una herida sucesoria que enfrentó a dos mujeres: Isabel, hermana del difunto monarca, y Juana, su hija, a quien la voz popular conocía como «la Beltraneja» por las dudas sobre su paternidad. Isabel, casada con Fernando de Aragón, reclamaba el trono con el respaldo de un sector de la nobleza castellana. Juana, por su parte, encontró un poderoso aliado en su tío y esposo, Alfonso V de Portugal, quien en mayo de 1475 invadió Castilla para defender los derechos de su joven esposa.

Juana ‘La Beltraneja’ sentada en su trono con corona y báculo, retrato sepia estilo siglo XV. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
Juana “La Beltraneja” en 1479, tras la firma del Tratado de Alcáçovas, fue obligada a renunciar no solo al trono de Castilla, sino incluso a su propio rango de infanta, quedando oficialmente titulada únicamente “A Excelente Senhora”, un estatus menor dentro de la corte portuguesa. Esta degradación fue parte del acuerdo político que puso fin a la Guerra de Sucesión Castellana. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Lo que comenzó como una disputa dinástica se transformó rápidamente en una guerra total. Detrás de la cuestión sucesoria se ocultaba una rivalidad mucho más profunda: el control de las rutas atlánticas y del oro de Guinea. Portugal, que desde hacía décadas navegaba las costas africanas, veía con alarma el creciente interés castellano por el Atlántico sur. Castilla, por su parte, aspiraba a romper el monopolio portugués sobre las riquezas de África. La guerra, que se prolongó hasta 1479, agotó los recursos de ambos reinos. Portugal, en particular, sufrió un esfuerzo financiero extraordinario: las Cortes de Lisboa de 1478 aprobaron un subsidio de sesenta millones de reales, el más cuantioso jamás solicitado por un monarca portugués, para financiar las medidas defensivas ante una posible invasión castellana.

Las negociaciones: la paz que se forjó en la derrota

La batalla de La Albuera inclinó definitivamente la balanza. Portugal, derrotado en tierra y exhausto económicamente, comprendió que no podría imponer su candidatura por la fuerza de las armas. Las negociaciones de paz comenzaron con las vistas de la fortaleza de Alcántara, entre los días 20 y 22 de marzo de 1479, donde se reunieron la reina Isabel y doña Beatriz, duquesa de Braganza y tía de la reina. Allí se perfilaron los cuatro puntos básicos que habrían de regir el acuerdo: el reconocimiento de Isabel como reina de Castilla, las garantías para el futuro de Juana, el concierto matrimonial entre la primogénita Isabel y el heredero portugués, y el reconocimiento de los dominios atlánticos de cada corona.

El 4 de septiembre de 1479, en el Paço dos Henriques de Alcaçovas, los representantes de las coronas estamparon sus firmas. Alfonso V renunciaba a todos sus derechos al trono de Castilla; los Reyes Católicos, a su vez, renunciaban al trono de Portugal. El tratado fue ratificado por el rey portugués el 8 de septiembre, y por los monarcas castellano-aragoneses en Toledo el 6 de marzo de 1480. Paralelamente, se negociaron las Tercerías de Moura, que resolvieron el destino de Juana: debió renunciar a todos sus títulos castellanos y optar entre ingresar en un convento o contraer matrimonio con el príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos.

El reparto del océano: el alma del tratado

Pero el núcleo verdadero del Tratado de Alcaçovas no era la sucesión castellana, sino el Atlántico. Por primera vez, dos potencias europeas negociaban el reparto de espacios marítimos y territorios aún por descubrir. El tratado estableció una línea divisoria: Portugal mantuvo el control sobre sus posesiones de Guinea, Elmina, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoció la soberanía sobre las Islas Canarias.

El texto fue más allá: se concedió a los reyes de Portugal todas las tierras descubiertas y cuantas se hallasen en adelante «de las islas de Canaria para abajo contra Guinea», con excepción del propio archipiélago canario como posesión de Castilla. Portugal obtenía así el dominio sobre todo lo «descubierto y por descubrir» al sur del cabo Bojador. Los Reyes Católicos reconocieron la preeminencia portuguesa en África y se comprometieron a no enviar expediciones hacia esos territorios sin el consentimiento luso. El tratado también reconoció a Portugal la exclusividad de la conquista del reino de Fez.

Además, se estableció que el impuesto del quinto real fuese percibido por Portugal en los puertos castellanos, incluyendo a los barcos que hubiesen zarpado hacia la Mina de Oro antes de la firma del acuerdo.

El papa sanciona: la bula Aeterni Regis

Para dar carácter universal al reparto, los monarcas acudieron a la máxima autoridad espiritual de la cristiandad. El papa Sixto IV sancionó lo acordado en Alcaçovas mediante la Bula Aeterni Regis en 1481, que confirmó la concesión a Portugal de todas las tierras al sur de Canarias. Este respaldo pontificio convertía el tratado en un instrumento de alcance global, reconocido por toda la cristiandad.

Consecuencias y legado: el precedente de Tordesillas

El Tratado de Alcaçovas resolvió el conflicto inmediato, pero su impacto trascendió con creces el siglo XV. Al fijar las zonas de influencia en el Atlántico, el tratado orientó la expansión de ambas coronas: Portugal hacia el sur y el este, rodeando África; Castilla hacia el oeste, hacia un océano que aún guardaba sus secretos.

Cuando Cristóbal Colón regresó de su primer viaje en 1493, las cláusulas de Alcaçovas seguían vigentes. Isabel la Católica, consciente de los términos del tratado, no quería violarlos. Fue esa tensión entre lo pactado en Alcaçovas y los nuevos descubrimientos lo que condujo, apenas quince años después, a la firma del Tratado de Tordesillas en 1494, que redefinió el reparto del mundo entre España y Portugal. Alcaçovas fue, en palabras de los historiadores, el ensayo general de Tordesillas: el primer intento de dividir el océano, el precedente de todas las negociaciones posteriores sobre los mares del mundo.

El Tratado de Alcaçovas representa, en su esencia, el momento en que Europa comenzó a comprender que el mundo era más grande de lo que sus mapas mostraban, y que ese mundo, aún por explorar, ya era objeto de disputa. La espada que lo había ganado en los campos de batalla cedió su lugar a la pluma, y el océano, hasta entonces libre, quedó trazado por líneas invisibles que definirían el curso de la historia.

Véase también

Fuentes Oficiales

Fuentes Académicas

Fuentes Bibliográfica Física

  • Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Periodo Prehispánico y Colonial. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-14-3. Depósito Legal: lf 53220059002280.

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

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