Santo Tomé de Guayana (Ciudad Bolívar)

El 21 de diciembre de 1595, un veterano explorador español llamado Antonio de Berrío hundió sus botas en el barro de la orilla sur del río Orinoco. Frente a él se extendía una tierra de selvas infinitas y ríos caudalosos, habitada por pueblos indígenas que resistían con ferocidad la entrada de los extraños. Ese día, con las formalidades que exigían las leyes de Indias, fundó una ciudad que sería azotada por piratas, incendiada por corsarios y trasladada una y otra vez, como si el destino se empeñara en borrarla del mapa. Cuatrocientos años después, ese asentamiento errante se ha convertido en Ciudad Bolívar, una de las joyas históricas más valiosas de Venezuela y guardiana de la memoria de la independencia continental.

Los primeros habitantes: los guayanos y el mito de El Dorado

Mucho antes de que los barcos europeos surcaran el Orinoco, las tierras que hoy ocupa Ciudad Bolívar estaban habitadas por pueblos indígenas como los guayanos, los caribes y los arahuacos. Estos grupos vivían de la pesca, la caza y la agricultura de subsistencia, y conocían cada recodo del río que les daba vida. Fueron ellos quienes, con sus relatos sobre ciudades de oro y lagunas encantadas, encendieron la imaginación de los conquistadores europeos y alimentaron la leyenda de El Dorado, ese reino fabuloso que nunca existió pero que impulsó algunas de las expediciones más audaces y destructivas de la conquista.

«La leyenda de los Caciques dorados». Grabado. Grands Voyages - Americae, 1590 - 1619. Theodore de Bry. (p. 101) Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A. CC-BY-NC-ND 4.0
«(El mito de El Dorado) suponía la existencia de un territorio inaccesible, ubicado en el interior de Tierra Firme, cuyo reino indígena albergaba fabulosas riquezas en piedras preciosas con amplias calles, majestuosos palacios y estatuas de oro, pero sobre todo extensas lagunas donde se ‘criaba’ el metal». «La leyenda de los Caciques dorados». Grabado. Grands Voyages – Americae, 1590 – 1619. Theodore de Bry. (p. 101) Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A. CC-BY-NC-ND 4.0

 

La primera incursión del hombre blanco en Guayana la realizó Diego de Ordaz en 1531, quien obtuvo una capitulación para conquistar y poblar las tierras entre el Marañón y los límites de la Gobernación de los Welser. Con esa expedición se introdujeron las primeras prédicas de la fe cristiana en los espacios guayaneses, aunque el intento terminó en fracaso. La región permaneció relativamente tranquila hasta 1568, cuando la leyenda de la «gente perdida de Ordaz» —según la cual algunos sobrevivientes de aquella frustrada expedición aún vivían en Guayana— motivó la concesión de nuevas licencias a Pedro Maraver de Silva, Diego Fernández de Serpa, Juan Troche Ponce de León y Gonzalo Jiménez de Quesada.

Fue precisamente Gonzalo Jiménez de Quesada quien, antes de morir, legó sus derechos sobre la gobernación de Guayana a su sobrino político, el capitán Antonio de Berrío. Berrío se internó en tierras guayanesas con el mismo objetivo que sus antecesores: descubrir El Dorado. Pero en ese afán logró algo mucho más perdurable: abrir las vías de comunicación entre el Nuevo Reino de Granada y la desembocadura del Orinoco, y fundar la primera evidencia de poblamiento español en los parajes de Guayana.

El legendario colonizador español Antonio de Berrio en las expediciones por el río Orinoco. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.
El legendario colonizador español Antonio de Berro. Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

La fundación de Santo Tomé y sus primeros conflictos

Antonio de Berrío emprendió tres jornadas expedicionarias. La primera salió desde Chita (Bogotá) el 3 de enero de 1584, atravesó los llanos en dirección al Barraguán y logró llegar hasta el raudal de Atures. En 1587 acometió su segunda jornada, estableciendo un caserío en las sierras de Paraguaza, Caipo y Suapure, que constituyó el primer poblamiento en Guayana al otro lado del Orinoco, anterior a Santo Tomé. Pero las enfermedades y los ataques indígenas diezmaron el poblado. En marzo de 1590 salió de nuevo desde Casanare, se internó en el macizo guayanés, bajó por el Orinoco y llegó a la desembocadura del río Caroní, donde levantó un fortín cerca de la confluencia de este, en tierras de un indio llamado Morequito, al cual se le dio el nombre de «Fuerte Morequito».

Planta de la ciudad de Santo Tomé de Guayana, que ahora se ha de intitular la ciudad del Sacramento de la Guayana que se ha de fundar de tierra y fajina con bastante capacidad para la vivienda de los vecinos, teniendo fuera de los muros las huertas, servicio y oficina, para defenderse de los enemigos que han de invadir las Costas de Guayana. 1638. Archivo General de Indias. (p. 134) Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A. CC-BY-NC-ND 4.0
Planta de la ciudad de Santo Tomé de Guayana, que ahora se ha de intitular la ciudad del Sacramento de la Guayana que se ha de fundar de tierra y fajina con bastante capacidad para la vivienda de los vecinos, teniendo fuera de los muros las huertas, servicio y oficina, para defenderse de los enemigos que han de invadir las Costas de Guayana. 1638. Archivo General de Indias. (p. 134) Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A. CC-BY-NC-ND 4.0

El 21 de diciembre de 1595, Berrío fundó finalmente a Santo Tomé de Guayana a orillas del Orinoco, cerca del sitio llamado Morequito, donde durante su expedición de 1591 había construido un fuerte. De este modo, afirmaba sus derechos al poblamiento en la Guayana frente a las aspiraciones de su enemigo, Francisco de Vides, gobernador de la provincia de Nueva Andalucía. La fecha exacta de la fundación está documentada por el consenso académico: el 21 de diciembre de 1595, día de Santo Tomás, de ahí el nombre de la ciudad.

La alegría duró poco. La ciudad se convirtió en blanco de constantes asaltos por parte de indios caribes y corsarios europeos. En 1597, el propio Berrío murió en la ciudad que había fundado, desolado por no haber podido admirar aquel indio fabuloso que se cubría de oro el cuerpo. Su hijo, Fernando de Berrío y Oruña, trasladó la ciudad en 1598 treinta millas al oriente del Caroní. Esto permitió que los pocos habitantes del poblado pudieran comerciar con extranjeros, así como capturar y vender indios caribes de Barima. La incipiente ciudad se convirtió en un centro de recepción de contrabando que ocasionó la denuncia del Gobernador de Santa Fe ante el Rey y su enjuiciamiento.

En 1618, Walter Raleigh envió a Lázaro Keymis al Orinoco. El inglés atacó la ciudad e incendió el poblado. El 11 de diciembre de 1628, el holandés Adrian Janson Pater llegó también al Orinoco con una flota de nueve buques, y los mismos vecinos incendiaron la ciudad. Santo Tomé contaba entonces con 130 o 140 casas, un templo y un convento de San Francisco. Los holandeses querían acabar con la única prueba de soberanía española en el sur del Orinoco, y Santo Tomé fue trasladada de nuevo, esta vez a orillas del caño Usupamo, cerca de las bocas del Delta.

El gobernador Diego López de Escobar resolvió mudar la ciudad, en 1637, a la margen izquierda del río Caroní, pero en plena mudanza fue atacada e incendiada de nuevo por los holandeses. En 1639 el poblado se ubicó en la margen izquierda del Caroní, al lado del actual Puerto Ordaz, y fue rebautizado con el nombre de Santísimo Sacramento de Guayana. De nuevo lo trasladaron al lugar del Usupamo en 1642. El gobernador Martín Mendoza de la Hoz Berrío otorgó la capitalidad de la provincia de Guayana a San José de Oruña y ésta pasó a ser, aunque con el rango de ciudad, «el presidio» o «la fortaleza» de Guayana.

Retrato grabado de Sir Walter Raleigh.
Retrato grabado de Sir Walter Raleigh, William Bray, Esq. FAS, Ed. y William Upcott. 1872. Diario y correspondencia de John Evelyn, FRS, Vol. III , Londres : Bell & Daldy, p. fac. p. 301.

Los ingleses saquearon la ciudad en 1664, y los franceses en 1682. A comienzos del siglo XVIII, Santo Tomé estaba prácticamente extinta a la orilla del Usupamo por la pobreza de su tierra y el abandono de la Corona española. Aún en 1720 era un caserío cercado por el monte y los ataques de los caribes. Fue a partir de 1724 cuando logró afianzarse, con el restablecimiento de las misiones de los capuchinos catalanes. Entre 1758 y 1777 obtuvo una elevada expansión, impulsada por los proyectos civiles y religiosos españoles de lograr el poblamiento y la explotación de los recursos naturales guayaneses, así como el dominio de esos territorios mutilados por las agresiones de otras potencias europeas durante los siglos XVI y XVII.

En 1764 fue mudada de nuevo, esta vez como Nueva Guayana, a la angostura del Orinoco, el sector más estrecho del río, por lo que tomó el nombre de Santo Tomás de la Nueva Guayana de la Angostura del Orinoco, o simplemente Angostura. En 1846 fue rebautizada como Ciudad Bolívar, en honor al Libertador Simón Bolívar, quien estableció en la ciudad las bases de la acción que le permitió liberar las actuales naciones bolivarianas.

La economía colonial: oro, contrabando y supervivencia

La economía de la Santo Tomé colonial estuvo marcada por la búsqueda obsesiva de metales preciosos y por el contrabando. Los primeros pobladores llegaron atraídos por las riquezas auríferas mitificadas en «Manoa» y «El Dorado», pero la realidad fue mucho más dura: la inhospitalidad de las costas y los parajes interiores, unida a la beligerancia de los indios caribes, hizo fracasar la mayoría de las capitulaciones otorgadas por la Corona española. Las primeras empresas europeas iniciales, impulsadas por la búsqueda de recursos auríferos, constituyeron puntos de partida para el descubrimiento de vastos paisajes guayaneses y auspiciaron los primeros asentamientos españoles en las orillas del río Orinoco, a tal punto que se conformó, al menos administrativamente, la provincia de «El Dorado», formada por los territorios regados por los ríos Orinoco y Meta.

Sin embargo, la verdadera riqueza de la región no estaba en el oro, sino en el comercio. La incipiente ciudad se convirtió en un centro de recepción de contrabando que ocasionó la denuncia del Gobernador de Santa Fe ante el Rey y su enjuiciamiento. A través del puerto fluvial se exportaba oro, sarrapia, balatá, caucho, plantas medicinales, curtiembres y plumas de garza. La economía colonial también se basó en la agricultura y la ganadería: el maíz, las caraotas y la carne de res eran los alimentos básicos, mientras que el azúcar, el cacao, el tabaco y los cueros eran los principales productos de exportación.

La importancia histórica: cuna de la independencia continental

El nombre de Angostura quedó grabado en la historia de América cuando, en 1819, el Libertador Simón Bolívar instaló allí el Congreso de Angostura, el segundo foro constituyente de Venezuela. En aquella casa de la Plaza Bolívar, cuyas paredes aún conservan el eco de las voces que soñaron con la libertad, se ratificó a Bolívar el título de «Libertador de Colombia, Padre de la Patria, Terror del Despotismo». La ciudad llegó a ser triple capital a un mismo tiempo: capital de la provincia, capital de Venezuela y capital de la Gran Colombia. Esa condición de triple capital imprimió una inusitada actividad social, militar, política y económica a la ciudad, aunque solo duró hasta poco después de la Batalla de Carabobo, cuando la capital de Venezuela se reubicó en Caracas y la de Colombia en Bogotá.

La importancia de Ciudad Bolívar trasciende sus muros coloniales. Fue el escenario donde se gestó la independencia de cinco naciones: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Su casco histórico, uno de los mejor conservados de Venezuela, alberga la Casa del Congreso de Angostura, la Catedral de Santo Tomás Apóstol, la Casa Piar y la Casa de los Gobernadores, entre otros edificios que son testimonio vivo de un pasado glorioso.

Cultura y tradiciones: el alma de Angostura

La cultura de Ciudad Bolívar es una fusión de herencias indígenas, africanas y europeas que se respira en cada esquina. La música es una de sus expresiones más vitales: desde los golpes del seis guayanés y el zumba que zumba hasta el joropo llanero y el calipso de El Callao, los ritmos que viajaron desde los Llanos y el Caribe se adaptaron y echaron raíces en la ciudad. La Virgen de las Nieves, patrona de la ciudad, congrega cada año a familias enteras que recorren las calles en procesión, manteniendo viva una tradición que se remonta a la época colonial. Los Carnavales de Bolívar son también una explosión de color y alegría, con más de 20 mil personas reunidas en el Paseo de la Octava Estrella para celebrar la tradición más importante de la entidad.

La artesanía y el arte popular tienen un lugar especial en la identidad bolivarense. Los murales que engalanan las zonas turísticas de la ciudad representan mitos indígenas como la «culebra de 7 cabezas» que, según la leyenda, vive bajo la Isla del Medio en el Orinoco. La Casa de la Diversidad Cultural promueve la preservación de tradiciones como la lengua mapoyo, la danza warime, la cestería ye’kuana, la orfebrería, la Cruz de Mayo y la Quema de Judas.

Gastronomía: sabores que cuentan historias

La cocina bolivarense es una explosión de sabores que refleja la abundancia del río y la tierra. El casabe, herencia directa de los pueblos indígenas, se consume humedecido un poco con agua y es la base de muchos platos. El queso guayanés es un orgullo local, y la sapoara —un pescado típico del Orinoco— se prepara en sancocho de cabeza o frita, acompañada de arroz blanco y plátano. Otros platos emblemáticos incluyen el pastel de morocoy, el caldo yecuano, el cerdo al tambor, los bollos de maíz tierno, el aguaito de pollo, el tarcari de chivo y el arroz pintaito. Los postres no se quedan atrás: el dulce de lechosa, el bienmesabe de mango verde y coco, el jau-jau y la mazamorra son delicias que endulzan la vida de propios y visitantes.

Ciudad Bolívar en la actualidad: entre la memoria y el porvenir

Hoy, Ciudad Bolívar es una ciudad que lucha por mantener viva su historia mientras enfrenta los desafíos del presente. Su economía gira en torno al comercio fluvial, la explotación de oro, diamantes y maderas tropicales, y más recientemente, la actividad petrolera en la Faja del Orinoco ha proyectado a la ciudad como un eje logístico de importancia estratégica. La Cámara de Comercio e Industrias de Ciudad Bolívar ha propuesto planes de incentivos fiscales para impulsar el desarrollo económico, con exoneraciones de hasta un 75% por dos años para nuevas inversiones en industria y turismo.

El casco histórico de Ciudad Bolívar es uno de los pocos de Venezuela que ha conservado, restaurado y protegido su legado arquitectónico. Sus calles empedradas, sus casas coloniales de techos rojos y balcones de madera, y la imponente presencia del río Orinoco, testigo fiel de su fundación, crean un ambiente que transporta al visitante a otra época. La ciudad es hoy un destino turístico que ofrece una combinación única de historia, cultura y naturaleza.

Atractivos turísticos: un viaje por el tiempo

El Museo de Arte Moderno Jesús Soto, fundado en 1973 en la ciudad natal del artista cinético, reúne más de 500 obras del maestro y de otros artistas nacionales e internacionales. Reinaugurado en 2025 tras un proceso de rehabilitación, el museo cuenta con siete salas renovadas y es el más importante de su tipo en la zona suroriental del país.

El Casco Histórico es un recorrido obligado: la Plaza Bolívar, con el monumento del Libertador rodeado de cinco figuras que representan los países que liberó; la Casa del Congreso de Angostura, construida por el gobernador Manuel Centurión en 1766 y escenario del segundo foro constituyente de Venezuela; la Catedral de Santo Tomás Apóstol, con su color ocre; la Casa Piar; y la Casa de los Gobernadores de la Colonia. La Ruta Turística Religiosa «Caminos de Fe» incluye paradas en la Capilla Santísima Trinidad, la Capilla San Isidro Labrador, la Rectoría Nuestra Señora del Rosario y la majestuosa Catedral Santo Tomás Apóstol.

El Paseo Orinoco y el Paseo de la Octava Estrella ofrecen vistas espectaculares del río y son el escenario perfecto para caminatas al atardecer. La Ruta Gastronómica «Travesía y Sabores de Angostura», lanzada recientemente, combina la visita a los principales atractivos históricos con una experiencia culinaria de alta cocina, incluyendo una cena clandestina en la Casa del Correo del Orinoco, un ícono arquitectónico que fue el escenario de una cena de cuatro tiempos con menú de autor.

La ciudad también es puerta de entrada a los paisajes del Bajo Orinoco, con sus balnearios naturales como El Bosque y La Candelaria, donde los visitantes pueden disfrutar de tirolesa, deportes y una vitrina indígena que muestra las costumbres, cultura y gastronomía ancestral de la región. Y para quienes buscan una experiencia más profunda, la Posada Doña Casilda, una casa con más de 150 años de historia, ofrece hospedaje en el corazón del centro histórico.

Fuentes Oficiales

Dos por Venezuela Oficial © 2026. Licencia CC BY-NC-ND 4.0 Internacional.

Ani Garcia

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