Hay ciudades que no se fundan con un decreto, sino con el peso de la sal sobre la arena. La Sabana de Pampatare, hoy conocida simplemente como Pampatar, nació de esa manera: al ritmo de las salinas, el vaivén de las olas y la voluntad de un gobernador que, en 1580, ordenó levantar un pueblo para doctrinar a los indígenas guaiqueríes en la costa oriental de la Isla de Margarita. Su nombre original, Mampatare, significa “Casa de Sal” en lengua guaiquerí, y ese topónimo encierra la esencia de una villa que durante siglos fue el puerto más importante de la isla y hoy es capital del Municipio Maneiro.
Primeros habitantes: los guaiqueríes y el origen de la “Casa de Sal”

Mucho antes de la llegada de los europeos, el espacio que hoy ocupa Pampatar ya estaba habitado. Los guaiqueríes, pueblo indígena emparentado con los caribes, reconocieron tempranamente el valor de las salinas que bordeaban la laguna y la bahía. La sal no era solo un condimento: era moneda de intercambio, conservante de alimentos y bien estratégico. Los primeros asentamientos indígenas se ubicaron en las cercanías de la costa, donde podían combinar la pesca y el marisqueo con la extracción de sal y el acceso a agua dulce.
El cronista Juan López de Velasco, en su descripción de las Indias entre 1571 y 1574, denominó al sitio “Puerto de Margarita” y calculó que reunía entre 35 y 40 vecinos. Para entonces, Pampatar ya era un punto de referencia en la navegación del Caribe oriental. El obispo de Puerto Rico, Juan Manuel Martínez de Manzanillo, visitó el puerto en 1573, dejando constancia de su actividad.
La fundación de 1580: Miguel Maza de Lizana y el pueblo de doctrina
La historiografía venezolana coincide en señalar 1580 como el año en que el gobernador de la provincia de Margarita, Miguel Maza de Lizana, ordenó la creación de varios pueblos para “doctrinar indígenas”. Uno de ellos fue el de la sabana de Pampatare. Así lo documenta Elías Pino Iturrieta en la Historia Global de Venezuela (Editorial Globe, 2006, p. 134), obra que fija la fecha fundacional dentro del proceso de consolidación del dominio colonial en la isla. Este acto no fue una fundación ceremonial al estilo de las ciudades continentales, sino una disposición administrativa que formalizó un asentamiento ya existente, articulado en torno a la sal y la pesca.
Economía colonial: sal, perlas y el eje La Asunción–Pampatar
Durante los siglos XVI y XVII, Pampatar se convirtió en el motor económico de Margarita. Su puerto natural, protegido por la Punta Ballena, era el único autorizado por la Corona para que arribaran los barcos procedentes de España, Santo Domingo y otras provincias con destino a la isla. La actividad principal fue la explotación de las salinas, complementada con la pesca y, en menor medida, la agricultura y la ganadería del interior.
El eje La Asunción–Pampatar estructuraba la vida económica de la provincia. La historiadora Yonezka Rondón describe cómo este corredor articuló redes comerciales que conectaban a Margarita con Tierra Firme, las Antillas y Europa, basadas en la actividad agropecuaria y en un comercio ilícito que creció al amparo de la perla y el tráfico de esclavizados entre los siglos XVI y XVIII. La sal de Pampatar, junto con el pescado salado, se convirtió en un rubro de exportación fundamental.
En diciembre de 1620, la Corona declaró a Pampatar el único puerto habilitado para el comercio exterior de Margarita, estatus que consolidó su preeminencia frente a otros fondeaderos de la isla.
Conflictos: piratas, corsarios y la guerra de independencia
La riqueza de Pampatar atrajo desde temprano la codicia de piratas y corsarios. En 1593, el pirata inglés William Burg atacó la población. El gobernador Pedro de Salazar respondió en 1595 con la construcción de un fuerte y un sistema de trincheras en la colina de La Caranta para proteger el puerto. En 1626, corsarios holandeses al mando de Enrico Boduino tomaron el fortín Santiago, que fue destruido y posteriormente reconstruido en varias ocasiones. La respuesta definitiva llegó con la construcción del Castillo San Carlos de Borromeo, iniciado en 1662 y concluido hacia 1669 bajo el gobierno de Martín de Tellechea.
Durante la guerra de independencia, Pampatar fue escenario de intensos combates. En 1816, Simón Bolívar reconoció personalmente las posiciones realistas desde el mar y dirigió una intimación al brigadier Pardo para que evacuara la plaza. En 1817, las tropas del general Pablo Morillo atacaron Pampatar e inutilizaron la Batería de la Caranta, pero la artillería patriota acantonada allí causó numerosas bajas a los realistas durante la Batalla de Matasiete. El 17 de agosto de 1817, Morillo se vio forzado a zarpar del puerto de Pampatar, sellando la libertad de Margarita.
Importancia estratégica y cultural de Pampatar
Pampatar no fue solo un puerto comercial. Fue el centro político-administrativo de la isla durante buena parte de la colonia, sede de la Casa del Rey, cuartel de artillería y residencia de las autoridades de la Real Hacienda. Su relevancia militar quedó grabada en el sistema de fortificaciones que aún se conserva: el Castillo San Carlos de Borromeo, la Batería de La Caranta y las trincheras del Calvario, que cruzaban fuegos para defender la ensenada y las salinas.

En el plano cultural, Pampatar es depositario de tradiciones que se remontan a la época colonial. La Iglesia del Santísimo Cristo del Buen Viaje, erigida a fines del siglo XVII, alberga una de las devociones más arraigadas del oriente venezolano. Su fiesta patronal, cada 3 de mayo, moviliza a pescadores y fieles en una de las celebraciones religiosas más concurridas de Nueva Esparta. A ello se suma la procesión marítima de la Virgen del Valle, que cada 8 de septiembre reúne a cientos de embarcaciones en la bahía de Pampatar en el tradicional “barloventeo”.
Gastronomía: el sabor del mar y la sal
La cocina de Pampatar es hija de su geografía. El puerto pesquero sigue activo: los barcos descargan de madrugada y para el mediodía el mero, el pargo, el carite y los camarones están en la mesa. La empanada de cazón —masa de maíz rellena de tiburón pequeño guisado— es el desayuno emblemático de la región, y en Pampatar se encuentra en puestos que abren desde las seis de la mañana. El pabellón criollo, las cachapas con queso de mano y el papelón con limón completan una oferta gastronómica que combina tradición pesquera caribeña con ingredientes locales.
Pampatar en la actualidad: entre la memoria y el porvenir
Hoy Pampatar es una ciudad vibrante, capital del Municipio Maneiro, con una población que supera los 44.000 habitantes. Su economía gira en torno al turismo, la pesca artesanal y el comercio. El Muelle Turístico de Pampatar, cuya rehabilitación avanza con miras a reactivar la conectividad marítima y el turismo de cruceros, promete dinamizar la actividad hotelera, gastronómica y pesquera de la zona. Las salinas, aunque ya no tienen la escala industrial de antaño, se mantienen como un humedal vital para la biodiversidad y un atractivo ecoturístico de primer orden, con avistamiento de flamencos y aves migratorias.
Atractivos turísticos: un recorrido por la historia
El casco histórico de Pampatar concentra buena parte de su atractivo. El Castillo San Carlos de Borromeo, con su puente levadizo, sus cañones y su museo, es el monumento más visitado de la ciudad. Frente a él se alza la iglesia del Cristo del Buen Viaje, epicentro de la fe marinera. A pocos metros, el Faro Punta Ballena, inaugurado en 2007, ofrece una vista panorámica de 360 grados que abarca las salinas, la bahía, la isla de Coche y el cerro El Copey.
Las Salinas de Pampatar constituyen un espectáculo natural único: sus lagunas se tiñen de rosados, verdes y azules según la concentración de sal y la luz del sol. La Ruta Aves de Sal, impulsada desde el sector Las Casitas, permite recorrer este paisaje y conocer el proceso artesanal de extracción de sal que durante siglos sostuvo a la comunidad. La Cueva del Bufón, en Punta Ballena, añade el ingrediente de leyenda: se dice que piratas y contrabandistas escondieron tesoros en sus profundidades.
Para cerrar el día, el Malecón de Pampatar ofrece restaurantes de pescado fresco con vista al castillo y al mar. La recomendación de los locales es sencilla: buscar los puestos sin decoración turística, aquellos donde el menú del día se anuncia en una pizarra y el pescado llega directamente de la caleta.
Pampatar no es solo un destino de playa. Es un archivo vivo de la historia margariteña, un lugar donde la sal, el mar y la memoria se entrelazan para recordarnos que las ciudades portuarias no se fundan solo con actas, sino con el trabajo de quienes durante siglos hicieron de la “Casa de Sal” un hogar.
Fuentes Oficiales
- Alcaldía del Municipio Maneiro. Datos, cifras y mapas. https://www.alcaldiademaneiro.com
- Biblioteca Digital de Nueva Esparta. Diccionario Margariteño Biográfico, Geográfico e Histórico. https://bibliotecadigitalne.org
- Biblioteca Nacional de Venezuela. Historia de Margarita. http://bibliotecadigital.bnv.gob.ve
- Ministerio del Poder Popular para el Turismo (MINTUR). Ruta Aves de Sal impulsa el turismo sostenible en Nueva Esparta. https://www.mintur.gob.ve
Fuentes Académicas
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. I. Venezuela Precolombina y época colonial. Editorial Globe. ISBN 980-6427-14-9. Depósito Legal: lf 816200590052.A. (p. 134).
- Rondón, Y. (2009). La región histórica margariteña y su influencia en la conformación de redes comerciales en el Caribe. Memorias: revista digital de historia y arqueología desde El Caribe, (11). https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3246353
- Ponte de Chacín, C. & Millán Boadas, Z. (2016). Salina de Pampatar: Reminiscencias. Revista de Investigación, 40(88), 128-147. https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1010-29142016000200007
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